PERICLES Y LA EDAD DE ORO DE LA CULTURA GRIEGA.
Lic. Miguel Angel García Alzugaray

Pericles, quien gobernó por más de 30 años (461- 429 a.C.) a Atenas.

Este desarrolló el proceso de democratización política iniciado por su antecesor, Efialtes, y activó la economía y la vida cultural de la polis.

Pericles nació el 490 a. C., el año de Maratón. Su padre había conducido un escuadrón ateniense en la batalla de Micala; su madre era sobrina de Clístenes, de modo que, por el lado materno, Pericles era miembro de la familia de los Alcmeónidas. Recibió una buena educación, y entre sus maestros se contó Zenón de Elea.

Al respecto precisa Plutarco en sus Vidas Paralelas que: "Mas quien siempre asistió al lado de Pericles, quien le infundió principalmente aquella altivez y aquel espíritu domeñador de la muchedumbre, y quien dio majestad y elevación a sus costumbres, fue Anaxágoras de Clazómenas, al cual los de su edad le apellidaban Inteligencia, o admirando su grande prudencia y sus singulares y adelantados conocimientos en las cosas físicas, o porque fue el primero que estableció por principio ordenador de todos los seres, no el acaso o la necesidad, sino una razón pura e ilibada, difundida en todas las cosas, que puso diferencias entre las que eran semejantes y estaban mezcladas.

V.- Gustaba extrañamente Pericles de este filósofo, y, penetrado de su doctrina sobre los fenómenos celestes y de su metafísica sublime, no solamente adquirió, como era natural, un ánimo elevado y un modo de decir sublime, puro de toda chocarrería y vulgaridad, sino que con su continente inaccesible a la risa, con su modo grave de andar, con toda la disposición de su persona, imperturbable en el decir, sucediera lo que sucediese, con el tono inalterable de su voz, con todas estas cosas sorprendía maravillosamente a todos".

Pericles iba a permanecer en el poder hasta el día de su muerte, ocurrida treinta años más tarde, pese a todo lo que hicieran sus enemigos. Durante su gobierno, Atenas llegó a la cúspide de su civilización y conoció una «edad de oro».

Pericles siguió extendiendo la democracia internamente. Estableció la costumbre de pagar a los funcionarios, para que hasta los más pobres pudieran servir a la ciudad. También trabajó para fortalecer la ciudad. Aunque Atenas y El Pireo estaban fortificados, quedaba entre las ciudades un espacio de unos ocho kilómetros. El Pireo podía ser alimentado y aprovisionado desde el mar, pero ¿cómo iban a llegar los suministros a una Atenas sitiada a ocho kilómetros de distancia? La solución era construir murallas desde El Pireo hasta Atenas, los «Largos Muros», para que formasen un pasillo protector por el cual los suministros y los hombres pudieran desplazarse con seguridad. De este modo, Atenas y El Pireo podían convertirse en una especie de isla en medio de la tierra. Los Largos Muros fueron terminados en 458 a. C.

Pericles hizo uso del tesoro común de la Confederación de Delos no sólo para fortalecer a Atenas, sino también para embellecerla. Esto parece una incorrecta apropiación de fondos y es difícil de justificar. Sin embargo, algunos han argüido que la Confederación brindaba seguridad contra Persia, de manera que Atenas cumplía su parte del acuerdo. También la nueva belleza de Atenas no sólo fue la gloria de la misma Atenas, sino de toda Grecia, y al hacer a Atenas más gloriosa ante los ojos de los hombres, crecía su reputación, que podía usar para proteger la Confederación.

Sobre este controvertido aspecto nos aclara Plutarco que: "XIV.- Clamaban contra Pericles los oradores del partido de Tucídides, diciendo que dilapidaba el tesoro y disipaba las rentas; y él preguntó en junta al pueblo si le parecía que gastaba mucho. Respondiéronle que muchísimo; y entonces: "Pues no se gaste- dijo- de vuestra cuenta, sino de la mía; pero las obras han de llevar sólo mi nombre". Al decir esto Pericles, ora fuese por que se maravillaran de su magnanimidad, ora por que ambicionaran la gloria de tales obras, gritaron a porfía, ordenándole que gastase y expendiese sin excusar nada".

En particular, Pericles encargó al arquitecto Iotino que coronase la Acrópolis con un templo dedicado a Athene Polias («Atenea de la ciudad»). El escultor fue Fidias. Se llamó al templo el Partenón. Fue comenzado en 447 a. C. y no se lo terminó hasta 432 a. C.

Fidias, nacido por el 500 a. C., es considerado por lo general como el más grande de los escultores griegos, y el Partenón como su obra maestra. Es, quizá, la estructura más perfecta que se haya construido nunca y la más famosa. Está en ruinas desde hace muchos años, pero el rectángulo de pilares del orden dórico que se eleva en la Acrópolis aún simboliza todo lo que hubo de glorioso y bello en la antigua Grecia.

En 436 a. C., Fidias hizo para el Partenón una gran estatua de madera de Atenea, cubierta de marfil como piel y de oro para los vestidos. Fidias también esculpió la estatua de Zeus de Olimpia, donde se erguía sobre el estadio en el que se realizaban los juegos Olímpicos, y esa estatua fue incluida, por los griegos de épocas posteriores, en la lista de las Siete Maravillas del Mundo.

Como tantos de los grandes hombres de la Grecia antigua, Fidias tuvo un final desdichado. Los aristócratas de Atenas, eternos enemigos de Pericles pero que nunca lograron desalojarlo del afecto del pueblo ateniense, atacaron a cuantos amigos de Pericles podían. En dos ocasiones acusaron a Fidias de realizar un acto delictivo, al apropiarse indebidamente de algunos de los fondos que se le confiaron, y de sacrilegio, porque entre las figuras que esculpió sobre el escudo de Atenea incluyó (decían) retratos de sí mismo y de Pericles. Fidias murió en la prisión mientras se llevaba a efecto el segundo juicio.

Los otros grandes escultores de este siglo fueron Mirón y Policleto.

Durante este siglo, la producción de piezas de cerámica fue muy abundante. Las piezas que se han conservado, todas cualitativamente altísimas, son el testimonio de la categoría de unos artistas que trabajaban minuciosamente y dedicaban el tiempo necesario a cada objeto. Son, además, el indicio de que existía una clientela dentro y fuera de Grecia muy exigente en cuanto a perfección y terminación de la obra.

Entre los grandes pensadores de esta época se destacó Demócrito, con su teoría atómica del Universo, y los sofistas, maestros que daban charlas sobre diversas ramas de la ciencia, a cambio de dinero. Entre estos los más importantes fueron Protágoras de Abdera y Pródico de Ceos. También se destacaron los historiadores Heródoto, que describió las Guerras Médicas; Tucídices, que dejó escrita la obra más grande de la antigüedad sobre la Guerra del Peloponeso, y Jenofonte que dejó una obra sobre los primeros años del siglo IV a.C.

Hasta la aparición de los sofistas se había creído que el hombre descubría, con mayor o menor dificultad lo que era la justicia, por ejemplo, pero, las nuevas doctrinas venían a decir que el hombre inventaba la justicia.

Los sofistas introdujeron el relativismo en materia de conocimiento y en los asuntos morales, un paso más en estas cuestiones, que la mayor parte de los sofistas no llegaron a dar, es el escepticismo, la postura que duda de todo y recomienda la abstención, el no emitir juicio. El escepticismo que va a florecer más adelante en la filosofía griega, considera que sencillamente no hay ninguna verdad. El filósofo -entre otros- que reacciona contra los sofistas es Sócrates.

Sócrates, tal vez el más grande de los filósofos (470-399): Nació y murió en Atenas, su vida y su obra constituyen problemas difíciles de analizar con precisión. Sócrates no escribió nada de tal modo que las noticias acerca de sus actividades y de sus doctrinas, nos han llegado a través de los escritos de sus discípulos y de otros escritores contemporáneos suyos.

Por su parte, el teatro alcanzó su gran apogeo en el siglo V a. C. Pericles lo impulsó y favoreció con una serie de medidas prácticas y económicas. Las familias más ricas tenían la obligación de cuidar y sostener los coros y los actores. De esta manera Pericles se ocupaba de mantener la tradición, según la cual las piezas de teatro servían para educar moral e intelectualmente al pueblo.

Atenas llegó a ser la gran ciudad del teatro griego. Hasta ese siglo existían solamente teatros levantados en piedra, pero en el siglo de Pericles se organizaban las representaciones en unos teatros provisionales, hechos de madera, que solo se mantenían los diez días que duraban las representaciones. Estas sesiones se daban durante ocho horas seguidas y eran una especie de concurso que tenía su jurado encargado de proclamar un vencedor. Los mejores escritores dramáticos de la época acudían a estos certámenes y estrenaban allí sus obras. El decorado de estos teatros era muy simple. Debían actuar, como máximo, tres actores poseedores de la máscara que les identificaba con el personaje que representaban. Acompañaban a los actores un coro y un conjunto de recitadores.

El siglo posterior a la guerra con Persia fue también la época en que vivieron tres grandes autores trágicos, tal vez las más importantes figuras literarias que existieron entre la época de Homero y la de Shakespeare.

El primero fue Esquilo. Nacido en 525 a. C., combatió en Maratón y estuvo presente también en las batallas de Salamina y Platea. Hizo avanzar el arte del drama más allá de los pasos iniciales dados por Tespis (véase página 80). Esquilo redujo el coro de cincuenta a quince miembros e introdujo un segundo actor. Esto hizo por primera vez posible el diálogo. También fue el primero en usar vestimentas, coturnos, máscaras y otros recursos para hacer más visibles al público a los actores y su mensaje.

Entre 499 a. C. y 458 a. C., Esquilo escribió más de noventa obras de teatro. En las competiciones anuales que se realizaban en Atenas durante las fiestas en honor de Dioniso, ganó el primer premio trece veces. Sin embargo, hoy sólo sobreviven siete de sus obras.

Visitó Sicilia varias veces, y allí terminaron sus días, pues murió en Gela, ciudad de la costa meridional de Sicilia, en 456 a. C., poco después de que Pericles ascendiese al poder.

Según una leyenda, fue muerto por un águila que trataba de romper el caparazón de una tortuga que había atrapado; dejó caer la tortuga sobre la cabeza calva de Esquilo, pensando que era una roca. Se trata de una famosa historia, pero sin duda no es más que pura ficción.

Sófocles, el segundo de los tres grandes dramaturgos, nació en 495 a. C. y vivió hasta los noventa años. Agregó un tercer actor a la tragedia y, en 468 a. C., logró derrotar a Esquilo y ganar la competición dramática anual. Ganó otras dieciocho o veinte veces en total. Escribió más de cien obras, pero sólo subsisten siete. Permaneció activo hasta el fin de su vida, pues al acercarse a los noventa años, su hijo trató de que los tribunales lo declarasen incompetente para manejar sus propios asuntos. En su defensa, Sófocles leyó, en audiencia pública, pasajes de Edipo en Colona, la obra en la que se hallaba trabajando en ese momento. Ganó fácilmente el juicio.

El tercero de los grandes trágicos fue Eurípides, nacido por el 384 a. C. Fue el más humano de los tres. Mientras los personajes de Esquilo y Sófocles hablaban de manera solemne y elevada, y sólo manifestaban las más nobles pasiones y motivos, Eurípides llevó el teatro al pueblo. Se interesó por todos los aspectos de la psicología humana; sus personajes tenían debilidades humanas y hablaban en un lenguaje cotidiano. Esto le hizo impopular entre los críticos principales, por lo que sólo ganó la competición

dramática anual cuatro veces (más una quinta después de su muerte). Se supone que la falta de aprecio que experimentó en vida le amargó. Se aficionó a vivir en el aislamiento y a huir de la sociedad, y se cree que era un misógino. A edad ya avanzada, dejó Atenas para responder a una invitación de Macedonia y murió en el exterior. Pero su popularidad aumentó después de su muerte. De las noventa y dos obras que escribió, dieciocho han llegado completas hasta nosotros.

Hubo un cuarto dramaturgo que no fue un trágico, sino el mayor autor cómico de la edad dorada: Aristófanes, nacido alrededor del 448 a. C. Sus comedias, aunque llenas de

bufonadas, no eran obras meramente hilarantes. Esgrimió su mordaz ingenio y acre sátira contra las debilidades de la época y contra los individuos a los que desaprobaba, por ejemplo, Eurípides.

Eurípedes provenía de una familia terrateniente y sus inclinaciones eran conservadoras. No ahorró ningún esfuerzo para burlarse de los demócratas. Pudo hacerlo porque la misma democracia a la que atacaba era tan total que podía decir lo que quisiese, incluso observaciones que hoy serían excluidas, por ser demasiado groseras para ser toleradas. De sus cuarenta a cincuenta comedias, aún sobreviven once.

Atenas fue también la capital de la elocuencia. Desde finales del siglo V a. C., la elocuencia se elevó a la categoría de arte. Existían los así llamados 'logógrafos', autores de discursos y creadores de un nuevo género literario, caracterizado por la claridad y pureza del lenguaje. Llegó a ser una profesión lucrativa. Se sabe que el logógrafo Lisias (460 -380 a. C.) se hizo de enorme fortuna gracias a su profesión.

Un nuevo tipo de hombres sabios surgió en Atenas durante la época de Pericles, hombres que pretendían enseñar las cualidades más adecuadas a la vida pública. Eran los «sofistas», nombre proveniente de una palabra griega que significa «enseñar».

Una función importante de todo hombre que actuase en la vida pública por aquellos días era la de presentar argumentos en pro o en contra de alguna ley propuesta o de alguna persona sometida a juicio. Muchos sofistas sostenían abiertamente que podían (por una remuneración) enseñar a la gente a argüir en defensa de cualquier opinión sobre cualquier tema y hacer que la parte más débil apareciese mejorada mediante una hábil

argumentación. Esto era exactamente lo opuesto de la dialéctica creada por Zenón y no es precisamente un modo honorable de utilizar el propio saber.

El más grande y popular de los sofistas fue Protágoras, quien, como Demócrito, había nacido en Abdera. Fue el primero en analizar cuidadosamente la lengua griega y en

elaborar las reglas de la gramática. Como fue amigo de Pericles, se atrajo la enemistad de los conservadores. En 411 a.C., mucho después de la muerte de Pericles y cuando tenía alrededor de setenta años de edad, Protágoras fue acusado de ateísmo, por poner en duda públicamente la existencia de los dioses. Fue desterrado de Atenas y, mientras se hallaba en camino a Sicilia, se perdió en el mar.

En resumen Pericles proporcionó a Atenas una época de apogeo, ya que fomentó la construcción de grandes obras públicas, mejoró la calidad de vida de los atenienses y dio un gran impulso a todas las manifestaciones artísticas y culturales.

Bibliografía

Heródoto, VI, 131

Plutarco: Pericles, III

V. L. Ehrenberg: From Solon to Socrates, a239

Platón: Alcibíades I, 118c

? Aristóteles: Constitución de Atenas, 27.1

Plutarco: Cimón, XV

Thucídides, I, 111

P. J. Rhodes: Una historia del mundo griego clásico, 44

Fernández Bulté, Historia del Estado y el Derecho,Edit UH. Habana , Cuba, 1979.

Pericles, ECURED

FIN