LA TUMBA DE ATREO O TUMBA DE AGAMENÓN
Lic. Miguel Angel García Alzugaray

Esta tumba es un buen ejemplo del arte creto-micénico. Sigue el modelo difundido por todo el Mediterráneo de tumba precedida por un corredor.

La tumba de Atreo, aunque también se la conoce como Tumba de Agamenón, es en realidad un tholos, es decir una tumba cupulada de planta circular con un corredor de acceso o dromos y un paramento ciclópeo, que se cubre de tierra en su totalidad para mimetizarse con el paisaje y evitar así su descubrimiento y su saqueo. De todos los conservados, se trata del tholos más grande de toda la Grecia antigua.

Se fecha en torno al 1250 a.c. y consta de un diámetro interior de 14,5 metros y una altura de 13,2 m. lo que conlleva la construcción de una imponente sala abovedada, construida por aproximación de hiladas y que resulta verdaderamente sobrecogedora cuando se accede a su interior.

Como hemos visto en trabajos anteriores, en torno al 1950 a.c. y procedentes de los Balcanes gentes indoeuropeas que consiguieron imponerse a las pequeñas monarquías locales que desde los inicios del Bronce Antiguo estaban allí implantadas, destruyendo las pequeñas ciudades que habitaban y sus palacios.

De manera paulatina los invasores se irían asentando en la Argólida, en donde sus instituciones autocráticas darían origen, hacia 1580, al estado micénico o aqueo, nombre que otorga Homero en sus poemas a este nuevo pueblo.

Estos invasores aqueos que a principios del segundo milenio a.c. llegaron a Grecia traían consigo algunas novedades militares que facilitaron su implantación, destacando, sobre todo sus conocimientos de la doma del caballo, el uso de largas espadas de bronce y la utilización de los carros de combate en la guerra. En la civilización que habría de nacer con la integración de los aqueos en la Hélade se encuentra el origen mismo de la propia cultura griega.

Está acreditado que la escritura que desarrollaron estos pueblos, el Lineal B, era utilizada por unas gentes que hablaban una versión arcaica de lo que habría de ser luego, la lengua griega. Micenas, Tirinto y otros muchos lugares serían los centros de la nueva cultura, sin duda mucho más ruda y violenta que la cretense pero que supo recoger las enseñanzas que secularmente habían ido asimilando los minoicos. Los poemas de Homero, recogerían, embellecidas, las leyendas de los héroes micénicos, que habrían de influir desde entonces de una manera decisiva en la propia cultura griega, origen de la civilización occidental.

Su primacía durará hasta que llegue su decadencia, a finales del S. XII a.c. cuando irrumpan en la Hélade los dorios, procedentes de Europa Central y Rusia Meridional y destruyan los centros de poder micénico, como Micenas o Tirinto, sustituidos ahora por Argos o Tebas. De la pobreza cultural de esta nueva invasión da idea el hecho de que desde ese momento hasta que se produzca el renacimiento del arte y la cultura griega, hacia el S. VIII a.c, se habla de "Los siglos oscuros", como un amplio periodo de desconocimiento de su historia y de esterilidad cultural.

La historia micénica es pues la que nos relata Homero en sus poemas, la de la Guerra de Troya o la de larga saga real liderada por el rey Agamenón, que es quien encabezaría la guerra. Una época que tiene su importancia artística y algunos de cuyos testimonios han llegado hasta nosotros. Principalmente todo el conjunto monumental de Micenas, que incluye el recinto palacial, la necrópolis y las tumbas reales, de entre las cuales destaca por encima de todas la que en el momento de su descubrimiento se le atribuye a Atreo, padre del rey Agamenón.

En realidad el nombre se lo asigna su famoso descubridor H. Schliemann, siguiendo los textos de Pausanias que nos habla de que "hay en Micenas una tumba de Atreo y también de aquellos que fueron asesinados por Egisto a su regreso de Troya", razón por la cual Schliemann le asignó a Atreo la más grande de todas ellas.

Se llega a la sala a través de un largo corredor o dromos de 36 x 6 metros, en el que destaca la talla de los sillares ciclópeos por su especial regularidad. Sobre el dintel de la puerta, formado por dos inmensos bloques pétreos, uno de los cuales pesa más de 120 toneladas, se situaba un relieve que ornamentaba el triángulo de descarga que se levantó para aliviar el peso del conjunto.

Algunos de los vestigios encontrados de ese relieve se reparten entre el Museo Nacional de Atenas y en el Museo Británico.

En realidad, una parte del dintel de entrada al monumento fue sustraída alevosamente por Thomas Bruce Elgin, entonces embajador británico ante el Imperio Otomano, y trasladada en el mayor secreto a Londres junto con esculturas del templo ateniense del Partenón (Mármoles de Elgin) por lo que actualmente forman parte de la colección permanente expuesta en el Museo Británico.

Su forma era igualmente triangular e incluía dos enormes semicolumnas con relieves en el fuste, así como placas grabadas con toros y diversos motivos geométricos.

Se destaca por encima de todo en esta construcción su magnífica sala interior abovedada, formada por 33 hiladas de sillares que se van estrechando de manera paulatina. Se accede a ella por un pasillo interior, o stomion, cubierto con dos dinteles de piedra.

La cúpula propiamente dicha estaba decorada originalmente con rosetas de bronce clavadas, quizás intentando imitar la visión de un cielo cuajado de estrellas. En el costado derecho de la cámara, en una habitación excavada en la roca, se sitúa la propia cámara sepulcral para cuya custodia se levantó todo el impresionante conjunto.

Al parecer en los ritos de enterramiento los cadáveres eran inhumados y acompañados de ofrendas. Posiblemente se trasladaban en carros, de cuya utilización se encontraron rastros en el terreno circundante.

Añadir finalmente que ésta no es la única de las tumbas reales conservadas en Micenas, como decíamos cerca de este tholos se conserva otro que en nuestros tiempos se conoce como "Tumba de Clitemnestra", la mujer de Agamenon, que en complicidad con su amante Egisto, asesinaría a su esposo tras su retorno de la guerra troyana. Este tholos se ha fechado hacia 1220 a.c. y quizás sea, realmente, la sepultura del propio rey Agamenón