EL ORIGEN DEL MUNDO SEGÚN LA MITOLOGÍA GRIEGA
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Las diferentes teorías de la creación, que se engloban bajo el término "cosmogonía", buscan una explicación a la existencia de los primeros dioses y no de los seres humanos, como ocurre en las concepciones cristianas, porque para los griegos ya estaba claro que los hombres eran producto de las capacidades de sus dioses.

La idea de la gran diosa madre, dentro de una concepción religiosa totalmente matriarcal y en la que el concepto de paternidad aún no había sido descubierto, imperó durante mucho tiempo en las mentalidades griegas al igual que ocurrió en todas las civilizaciones primitivas. La matriarca era adorada, temida y obedecida por todos los hombres.

Ésta suponía la institución de un culto "doméstico" en el que papel de la diosa, única deidad existente, insistimos, era el de defender el hogar y la fecundidad materna. Sin embargo, cuando se estableció claramente la relación entre el coito y el parto comenzaron a abrirse paso nuevas teorías sobre el origen e todos los elementos vagaban sin ningún orden, sin jerarquías. Así, el sol no iluminaba, la luna no salía por las noches y el mar no tenía riberas. El frío y el calor, la sequía y la humedad, lo pesado y lo ligero, todo chocaba entre sí. El Caos es, pues, la nada, pero también un lugar donde situar los elementos en desorden lo que, sin embargo, no dota de entidad o existencia al Caos pues para el mundo griego los elementos por sí solos no constituían "nada", a pesar de que, desde un punto de vista más moderno, puedan ser considerados "algo".

Sea como fuere la explicación de esta compleja concepción pronto surgieron diversas narraciones que se ocuparon de delimitar el paso desde el Caos hasta la existencia de los dioses por todos conocidos.

Según Hesíodo, tras la existencia del Caos, surgió Gea, la tierra. El origen de Gea es complejo y difuso pero parece ser que fue resultado de la unión entre el Tártaro, región espectral de las más hondas profundidades, y Eros, el amor, entendido como principio o fuerza vital y no como personificación de un dios. Este Eros no debe nunca ser confundido con el Eros hijo de Afrodita. Gea no era más que un inmenso lugar provisto de todo lo necesario para la morada eterna y segura de los seres vivientes.

Poco después, de nuevo de la acción de Eros aparecieron Erebos, las tinieblas, que se disponían debajo de Gea en una amplia zona subterránea y Nix, la noche, quien, unida al recientemente aparecido Erebos provocó el nacimiento de Eter y Hemera, el día que representaron respectivamente la luz celeste y la terrestre. Cuando Gea recibió la luz, fue personificada, y puesto que no podía engendrar con Caos, una noche mientras dormía, de su seno apareció Urano, el cielo, de igual extensión a ella y con quien podría tener muchos más hijos. Y así fue como, un día, Urano, que contemplaba a su madre desde las más altas cumbres de las montañas, hizo caer sobre ella una lluvia fina de la que nacieron todas las plantas, todos los animales, todos los pájaros, y todos los mares y ríos, englobados bajo el nombre de titanes (Océano, Ceo, Crío, Hiperión y Cronos) y titánidas (Temis, Rea, Tetis, Tea, Mnemósine y Febe).

No contentos con esto, Urano y Gea tuvieron otros hijos: los tres horribles cíclopes (Arges, Asterópes y Brontes) y los enormes Hecatonquiros, con cien brazos y cincuenta cabezas cada uno y llamados Coto, Briareo y Giges. Nix, por otra parte, también había engendrado a Tánatos, la muerte, a Hipnos, el sueño, a las Hespérides, a las Moiras y a Némesis.

Sin embargo, Urano, avergonzado de los terribles monstruos que había creado según unas versiones, y temeroso de que le arrebataran el poder según otras, encerró a todos sus hijos en una horrible prisión del Tártaro, en lo más profundo de la propia Gea. Ésta que a pesar de la fealdad de sus hijos no deseaba verlos encerrados y harta de los excesos que Urano, ahora convertido en regidor del universo llevaba a cabo, produjo desde sus entrañas un mineral blancuzco (hierro) con el que liberó a sus hijos y les indicó que debían vengarse de su padre por los crímenes que éste había cometido. Sólo Cronos, hijo menor de Gea, acudió en ayuda de su madre, prometiéndole que actuaría conforme sus súplicas. Cronos se escondió una noche cerca de donde su padre estaba reposando amorosamente junto a Nix y, de pronto, salió del lugar de donde se hallaba, agarró a su padre y con una enorme hoz de afilados dientes, le cortó sus partes viriles, que arrojó al azar tras de sí. De la sangre derramada nacieron las Erinias, los enormes y guerreros gigantes, y la hermosa Afrodita. Cronos terminó, pues, venciendo a su padre, y convirtiéndose en dueño y señor del mundo. A pesar de su victoria, sin embargo, Cronos necesitó el permiso de su hermano Titán, primogénito de sus padres, para reinar. Y es que Gea adoraba a su hijo Cronos por lo que a fuerza de muchos juegos, súplicas y caricias, consiguió que Titán cediese la corona a cambio de que Cronos matase a toda su descendencia, de forma que algún día el poder recaería de nuevo en alguno de los titanes. Y precisamente fue esto lo que provocó la llegada al gobierno de Zeus, instaurador de la segunda generación de dioses griegos.

Todo lo anterior es el mito clásico de la creación más famoso que existe, aunque se hallan otras versiones mucho más antiguas, entre las cuales surgen diversas variaciones, pero la base es la misma en todas.