Manetón el gran vidente de Ra
I Novela


Manetón El Gran Vidente de Ra

 

Novela histórica de Miguel Angel García Alzugaray, jurista, poeta, ensayista y escritor cubano.

Registrada el  7-01-2015 , con el Número:   0046-01-2015, en el CENDA  (  Centro Nacional de derechos de Autor, La Habana , Cuba ).


Esta obra, fruto de una larga y minuciosa investigación, tiene entre sus objetivos fundamentales, motivar en sus lectores el amor hacia la historia y la búsqueda de datos que enriquezcan su acervo cultural sobre la materia, a través de una narración paralela, llevada desde un presente en La Habana de nuestros días hasta el remoto pasado del Egipto helenístico, en la que somos conducidos por Ignacio, un apasionado historiador cubano, su esposa, la filóloga Lucía y sus jóvenes nietos Leonardo y Sebastián, en la que se mezclan personajes históricos y ficticios, en una trama llena de momentos y situaciones verídicos, en los que el actor principal es Manetón, Sumo Sacerdote del Gran Templo del dios Ra en la antigua ciudad de Heliópolis, en la época de los primeros reyes de la dinastía ptolemaica, la misma, cuya última representante fue la famosa reina Cleopatra VII.

En la novela, rica en amenos relatos y selectas poesías de la literatura clásica de Egipto y Grecia, muchos de ´éllos poco conocidos por el público no especializado en la materia, el Gran Vidente de Ra junto con otros personajes reales de la época como el erudito y controvertido político Demetrio de Falero, el sacerdote griego de los misterios eleusinos Timoteo de Atenas, el famoso matemático Euclides, el destacado astrónomo Aristarco de Samos y el poeta Calímaco de Cirene, así como los no menos ynteresantes personajes ficticios como su fiel ayudante Ramoses, la vella Olimpia exquisita poetisa amante de Manetón y los valerosos guerreros macedonios Lisímaco y Nearco, navega con nosotros por el caudoloso Nilo, se mueve por las calles de la fascinante urbe de Alejandría, visita las instalaciones de la Gran Biblioteca de la ciudad y comparte sus conocimientos con los sabios allí reunidos, participa en un combate naval con los feroces piratas del mar Egeo, desciende a los misteriosos hipogeos en los que están sepultados sus padres en su natal Sebenitos, recorre los impresionantes templos del dios Amón Ra en la antigua ciudad de Tebas, asiste a la boda de Ptolomeo II con la princesa Arsinoe de Tracia y escribe para la posterioridad su obra cumbre la Aegyptíaka.

Se considera que la Historia de Egipto de Manetón constituye una de las fuentes escritas más importante de la Antigüedad relativa al país de los faraones y desde luego, la más relevante en lengua griega. A pesar de lo expuesto, y de haberse escrito desde la propia antigüedad decenas de materiales, estudios y monografías por destacados historiadores y especialistas sobre los trabajos de Manetón, su vida personal, sus preocupaciones cotidianas sobre el destino de su milenario país y las circunstancias que lo rodearon en los complejos momentos en que desarrolló su actividad merecían, en opinión del autor, ser recreadas en una obra de ficción, para que las actuales generaciones pudiesen valorar a cabalidad,su innegable aporte a la humanidad.

Por ello, ofrecemos a continuación al lector el primer capítulo de la novela, invitándolo a trasladarse con nosotros al fabuloso escenario de este relato, escrito con mucho amor hacia la historia, convencidos que cada vez que un visitante de los grandes museos del mundo, ya sea en El Cairo,Madrid, París, Londres, Berlín, San Petersburgo, New York o La Habana recorra las salas de las antigüedades egipcias, tendrá ante sus ojos, tal vez sin imaginárselo fragmentos de esa grandiosa cultura que Manetón nos trató de describir, a través de su valioso legado.

El Autor


PARTE I
SERAPIS UN DIOS SINCRÉTICO

CAPITULO I
UN DOMINGO INOLVIDABLE


Ignacio González tenía unos 67 años de edad, pero aparentaba tener mucho menos. De pelo entrecano, sin llegar a ser alto, era de porte esbelto y tenía un rostro agradable, en el que brillaban dos ojos vivaces e inquisitivos. Se encontraba parado esa fresca mañana de un típico domingo invernal cubano, cerca de la entrada de la sección de Arte Universal del Museo Nacional de Bellas Artes de La Habana, en espera de que sus dos nietos acabasen de arribar. Ellos le habían pedido que los acompañara en una excursión por la sala de arte antiguo, materia en la que él era uno de los mejores especialistas del país, en su calidad de profesor universitario de vasta experiencia, con un brillante doctarado en su curriculo. Nacido en el seno de una humilde familia, en la que su padre había sido un modesto obrero ferroviario y su madre una típica ama de casa, Ignacio era uno de esos miles de jóvenes que gracias a las profundas transformaciones económicas, sociales y culturales, promovidas desde 1959 por la triunfante Revolución cubana, había tenido la posibilidad de acceder de forma gratuita a las aulas de reconocidas universidades nacionales y extranjeras, obteniendo los más altos lauros académicos.

Con sumo placer había accedido a la solicitud de sus nietos, pues si algo le gustaba era precisamente brindarles explicaciones, sobre páginas olvidadas o ignoradas de la historia.

El imponente edificio de varios pisos del museo, que rodeado de amplios portales ocupaba toda una manzana, se encontraba ubicado frente al memorable Parque Central, con su significativo y centenario monumento a José Martí, el primero erigido en el país en honor del héroe nacional cubano, y por una de sus esquinas, estaba a unos pocos metros del conocido bar-restaurante "Floridita", cuyo emblemático nombre quedó unido para siempre al del escritor norteamericano Ernest Hemingway, premio nóbel de literatura por su magistral novela "El Viejo y el Mar".

Este museo le traía muchos recuerdos. Entre ellos que su hija única Tania, había seguido en cierta forma sus pasos, terminando sus estudios de Historia del Arte en la Universidad Estatal de Leningrado, hoy San Petersburgo, Federación de Rusia, aunque no sentía una especial inclinación hacia las antigüedades clásicas sino más bien hacia la pintura de finales del siglo XIX, y en particular, todo lo relacionado con los impresionistas franceses. Después de su separación bastante amistosa con el padre de los niños,se dedicaba cada vez más a pintar, bellos óleos y pasteles sobre paisajes habaneros y escenas de la vida cotidiana de la gran urbe caribeña, en la que un sol radiante invitaba a seguir los pasos deSorolla, el genial maestro español de la luz y el color, del cual recordaba, existía una rica colección de cuadros, casualmente en este lugar.

Con sus obras, su hija había cosechado alguna fama, a través de exposiciones individuales y colectivas en la que había participado con éxito.

Ella había tratado de transmitir a sus dos hijos su gusto por la pintura, pero no lo había logrado pues el mayor aúnque apasionado por la historia, se inclinaba en los últimos tiempos por las ciencias exactas y quería estudiar una carrera de ingeniería, de ser posible en informática. El menor por el contrario, con un carácter más dinámico, además de su aficción por las artes marciales de China y Japón, sentía vocación por el cine y la animación digital, en la que se desenvolvía como todo un profesional.

Con disgusto miró su reloj de pulsera y se percató que habían pasado más de 15 minutos de la hora acordada y sus nietos no aparecían por ninguna parte. Como siempre pensó, se han tenido en algún lugar para charlar con amigos o cambiaron su decisión para algo que les resulta más interesante que visitar este museo.

Comenzaba a impacientarse y pensaba llamarlos con su celular, cuando por fin los vio arribar bajándose de un vetusto carro norteamericano de alquiler, una berdadera reliquia ambulante y venir corriendo a su encuentro.

Perdona abuelito, le dijo Sebastián, el más pequeño de los dos hermanos, de 13 años de edad. No pudimos aguantar la tentación de darnos un paseo por la heladería Coppélia y comer un rico helado antes de venir para acá. Por eso creo que hemos llegado un poco tarde.

¿ Pero tenemos tiempo todavía abuelo para ver la sala de las antigüedades egipcias?, preguntó Leonardo, el mayor de sus nietos, un fornido y alto jóven de 17 años, ya que tengo que preparar un trabajo para mi Centro de Estudio , sobre algún aspecto interesante de la historia del antiguo Egipto y presentarlo la próxima quincena, por lo que quisiera fundamentarlo en algunos de los exponentes que allí se muestran.

Por supuesto que sí, pero vamos a entrar ya, pues las salas son bien grandes, tienen muchos exponentes y hay unas cuantas cosas interesantes que ver y conocer.

Luego de pagar las entradas y dejar los jóvenes sus mochilas en el guardabolsos, se encaminaron hacia la impresionante "Escalera de Honor" de mármol blanco que comunica directamente la entrada principal del edificio con su cuarto piso.

Mientras subían lentamente los amplios escalones, Ignacio les explicó la historia del lugar. Este inmueble les dijo, abrió sus puertas en 1927 con el fin de servir como sede del Centro Asturiano de La Habana, cuyo anterior edificio había sido destruido por un incendio en 1918. Construido en estilo ecléctico, el palacio es uno de los edificios más representativos de la arquitectura en Cuba. Sobresalió en su tiempo, tanto por las técnicas de construcción empleadas, en particular la estructura de acero, cubierta de piedras, tejas y losas de concreto, como por los materiales utilizados en el acabado: mármoles de Italia, España y Estados Unidos, carpintería de caobas cubanas, vidrieras importadas de Madrid, y lámparas decorativas en bronce, con cristal de Bohemia.

Después del triunfo de la Revolución, la propiedad se convirtió en la sede de la Asociación de Amistad Cubano-Española. Luego sería el Palacio de Pioneros y a continuación sede del Tribunal Supremo popular y la Fiscalía General de la República.

Abuelo, ¡este edificio si que está fuera de serie!, dijo Sebastián que apenas oía las explicaciones extasiado como estaba contemplando las bellas decoraciones del inmueble y en particular, el gigantesco vitral que coronaba el techo sobre sus cabezas, en el que las tres carabelas de Cristóbal Colón, navegaban con las velas henchidas de viento hacia el Nuevo Mundo, por un fantástico mar de cristales luminosos.

Leonardo que en cambio escuchaba con gran atención preguntó por qué se había decidido trasladar para este lugar las colecciones de arte universal de su anterior ubicación.

El Museo Nacional contestó Ignacio, fue inaugurado el 28de abril de1913, como Museo Nacional de la República. Funcionó hasta mediados delSiglo XX como un museo enciclopédico especializándose tras el triunfo de la Revolución como una institución dedicada a la historia del arte.

En los orígenes de esta institución cultural que en el 2013 festejó su centenario, merece destacarse la obra delComisionado Emilio Heredia. Las Memorias de este ilustre arquitecto cubano, reeditadas por cierto el año pasado, que vivió entre 1872 y 1915, no son solo de un gran valor museológico y patrimonial, sino que son una fuente primaria extraordinaria que aporta conocimientos imprescindibles para especialistas, curadores y público en general, además de ofrecer una serie de intríngulis políticos que en torno a la figura de Heredia se gestaron en la República mediatizada, y que lo convirtieron en una figura olvidada.

Tras sufrir innumerables dificultades para su instalación, motivadas por la incomprensión de las corruptas Administraciones republicanas de turno y varias mudadas, frente a la presión de la intelectualidad progresista de mediados del Siglo XX, el gobierno finalmente cedió a la idea de construir una sede propia para el museo nacional. Se decidió erigir el edificio con el nombre de Palacio de Bellas Artes, en el sitio donde se ubicaba con anterioridad el antiguo Mercado de Colón, que había sido demolido. 

El edificio de estilo racionalista del Palacio de Bellas Artes, fue inaugurado el 18 de junio de 1954, como sede de la Segunda BienalHispanoamericana de Arte.

Pero en el transcurso del tiempo, a medida que se recibían nuevas donaciones, a pesar de la amplitud del local, sus salas fueron quedando pequeñas para albergar todas las colecciones.

Por ello, en el año 1996, el museo fue objeto de una nueva remodelación capital, sumando al edificio ya existente las instalaciones de otros dos, uno de índole administrativa y éste en que estamos, con lo cual creció significativamente su capacidad.

El museo fue reinaugurado con una nueva organización de sus colecciones en el año 2001, pasando para este edificio la colección de arte occidental del Museo Nacional de Bellas Artes.

Es de señalar que dicha colección se compone de más de 1.600 pinturas, 126 esculturas y 8000 grabados que abarcan el período comprendido desde la Edad Media hasta el siglo XX. Las obras se muestran siguiendo criterios de orden cronológico y geográfico. Se presentan en orden de importancia cuantitativa, las escuelas española, italiana, francesa, flamenca, neerlandesa, inglesa y alemana, junto con ejemplos aislados de otras escuelas de arte europeas. También mantiene núcleos menores del arte latinoamericano y de los EE.UU.

Para este lugar se trasladaron también los fondos de arte Antiguo que vamos a ver a continuación.

Mientras así hablaban, llegaron al cuarto piso en el que se encontraba la precitada colección, en lo que en otros tiempos fuera el salón de reunión social y bailes del Centro Asturiano , que consistía en una planta oval con una exuberante decoración en sus elementos arquitectónicos.

Esta muestra de arte antiguo, les explicó con evidente entusiasmo, es la más grande de América Latina. Aunque poco conocida en nuestra región y prácticamente desconocida en Europa y otros
continentes, es muy representativa por la variedad de estilos, estado de conservación de las piezas y, sobre todo, por su valor didáctico, lo que constituye una especificidad que no poseen otras colecciones famosas, debido a que ofrece la poco común posibilidad de poder estudiar casi todos los períodos del arte de la antigüedad.

En el caso de la colección egipcia fue iniciada, por el Conde de Lagunillas en el año 1945. Posteriormente se incrementó el número de exponentes, con piezas provenientes del coleccionista privado Dr. Antonio Nieto de Cortadellas y de la Academia de Ciencias de Cuba en el año 1993.

Las últimas adquisiciones de esta singular colección de Antigüedades fueron dos nuevas piezas donadas por parte del Dr. Cristian Loeben, curador del Museo Kestner de Alemania. La primera de ellas es una vasija egipcia del período Nagada II con motivo de la celebración de los 50 años de la colección Condes de Lagunillas en el año 2006 y la segunda un escarabajo de lapislázuli de la dinastía XXV, por haber cumplido este especialista 20 años de colaboración en el año 2013 con el museo cubano.

A medida que Ignacio desarrollaba su relato, un grupo de visitantes cubanos y extranjeros se fueron congregando a su alrededor para escuchar sus interesantes explicaciones, preguntándole algunos si era un guía oficial del museo, a lo que contestó sonriendo que sólo era un aficionado de la historia.

La colección de arte egipcio continuó , cuenta actualmente con 112 piezas, ofreciendo al espectador diferentes aspectos de la vida y la muerte en el Egipto Faraónico. En la sala hay representada una cámara mortuoria donde se muestran obras de singular confección y belleza en un medio que sin dudas resulta sugestivo para el visitante .

Además de estos exponentes, la colección atesora en las salas del Arte Griego y Romano un valioso conjunto de obras egipcias del período greco-romano, entre los que se destacan una cabeza de Zeus Serapis, un magnífico conjunto de retratos de Fayum y una valiosa colección de tejidos Coptos.

Merece destacarse la creación egipcia en una singular cabeza del dios Amón en basalto negro.

Un lugar importante dentro de la muestra lo ocupa sin lugar a dudas una extensa colección de estatuillas de bronce de gran  diversidad y exquisita factura representando el panteón de dioses egipcios y realizados en la técnica de la cera perdida.

Por último dijo, el Sarcófago egipcio que a continuación verán , es sin dudas una de las piezas de la colección más visitada.

Abuelo, preguntó Leonardo. ¿De qué época data este sarcófago?.

Según precisa la Lic. Aymee Chicuri, Curadora de Arte de Asia Anterior y Egipto de este Museo, el Sarcófago que se expone, fue encontrado en una tumba reutilizada de la dinastía XVIII, que fue construida para Jeruef, el alcalde de Tebas y superintendente de la corte real durante el reinado de Amenofis III, cargos que ocupó incluso durante una parte del reinado del faraón hereje Akhenaton.

Esta Tumba es famosa por los maravillosos relieves de su decoración, los cuales narran escenas esclarecedoras de este turbulento periodo de la historia egipcia.

El sarcófago perteneció a una cantante de Amón llamada Tachebet, y el mismo fue encontrado por el eminente arqueólogo egipcio Labib Habachi en la tt 192 en 1958, excavada en el patio de la tumba de Jeruef, acompañado por otros dos sarcófagos de personas de su familia, su esposo e hija. La pieza fue datada de la XXII dinastía, pero por recientes estudios realizados por parte de
la mencionada Curadora, podemos afirmar que perteneció a la XXIII dinastía, ya que el nombre de su esposo Taenwaset que aparece en la tapa exterior de la pieza, es el de un famoso sacerdote que vivió en la XXIII dinastía.

Esta relevante obra, esta compuesta por dos partes, el sarcófago de madera estucada y pintada con su tapa, y el encartonado profusamente decorado, que cubría la momia de la difunta. Esta profusión decorativa es propia del estilo artístico de los sarcófagos del tercer periodo intermedio.

Esta obra que es eje central de la exposición del núcleo funerario, fue donada a Cuba por la república de Egipto en 1974, en agradecimiento a la ayuda financiera que prestó nuestro país para el salvamento de los monumentos de Nubia.

Merece también destacarse, un hermoso juego de vasos Canopos, de alabastro veteado y confeccionados en el periodo Saita o Dinastía XXVI, los cuales tienen un carácter funerario, ya que los mismos  tenían la función de contener las vísceras del difunto, una vez que este fuese momificado.

Otra de las piezas importantes de la colección es un Papiro del Libro de los Muertos el cual perteneció a un funcionario del templo de Karnac que vivió durante la XXI dinastía y de nombre Bakenwerel. Este papiro es reconocido internacionalmente como Papiro Hood, por su primer propietario William Frankland Hood. Fue encontrado en Luqsor en el año 1858. Esta obra, se compone de varios fragmentos o leyendas que narran los procesos a que es sometido el difunto en su tránsitoa la otra vida.

Llegados a este punto, Sebastián no quiso escuchar más y se dirigió con rápidos pasos hacia el lugar en que se mostraba el mencionado sarcófago y lo contempló con respetuosa actitud, observando con detenimiento las policromadas decoraciones dibujadas en la tapa del mismo, tratando de entender las formas de los complicados jeroglíficos y signos allí representados.

Mientras tanto, Leonardo se le acercó sigilosamente por la espalda y le dijo: ¿Sebastián, estás muy asustado?, ¿verdad?. Seguro que esta noche te sale una momia en el cuarto y te agarra por los pies.

¡Oye chico, no puedes dejarme tranquilo un rato!, replicó Sebastián a su hermano.
¡Quién te ha dicho que yo le tengo miedo a muertos y aparecidos, y mucho menos a una vieja momia!.

Pero viendo que en eso Ignacio se había acercado, Sebastián le preguntó: abuelo, abuelo, ¿no decían que aquí había una momia?.

No, aseguró éste, la única momia egipcia que existe en Cuba se encuentra en el museo Provincial "Emilio Bacardí" de Santiago de Cuba. ¡Qué lástima!, dijo Leonardo, pues está muy lejos para irla a ver.

Esta momia añadió Ignacio, fue comprada por el ilustre patriota e historiador Emilio Bacardí Moreau, Alcalde de Santiago de Cuba y fundador del museo que lleva su nombre que la trajo a nuestro país como carne salada, después de adquirirla en Egipto en 1912. La pieza es uno de los atractivos principales del referido museo.

Se trata de una mujer de unos 40 años de edad y puede ser apreciada junto al sarcófago con figuras de los Dioses Ra y OSiris, en diferentes posiciones, una mano, un sapo, un gato, un ibis, un halcón y un cocodrilo, animales sagrados, también momificados.

Al principio se creía que pertenecía a la dinastía 18, época floreciente en que Tebas tenía la supremacía, unos 2000 años antes de Cristo.

Pero en una visita realizada por una egiptóloga polaca, se comprobó que realmente la momia no es tan antigua. Aunque no pudo determinar quien es, pues los exponentes anexos no le pertenecen, sobre todo el cartonaje, en el que se pintaban pasajes de la vida del muerto. La experta precisó que por el tipo de momificación pudo ser una mujer de la nobleza del período tardío, antes del Tolemaico, en que predominaba la clase sacerdotal y estos al igual que los nobles, eran momificados y no solo los faraones como en períodos anteriores.

Luego de admirar por un largo tiempo las diferentes piezas que se encontraban en la sala, Leonardo se acercó a su abuelo y le expresó que se había quedado un poco intrigado con la cabeza de "Zeus Serapis" que se exponía en la sección greco-romana. Tengo entendido, dijo, si mal no recuerdo, que Zeus era un dios griego. ¿Porqué entonces aquí tiene el nombre de Serapis?.

Este es un aspecto muy interesante de la historia del antiguo Egipto que me gustaría poderte contar, pero no aquí sino en la casa. Es más,cuando lleguemos te voy a mostrar un relato que estoy escribiendo sobre este tema que en mi opinión te puede servir para el trabajo que debes presentar en la escuela.

Finalizada la visita al museo, y mientras caminaban hacia el parqueo de la calle colindante para tomar el auto de su abuelo, sonó el timbre del celular de Leonardo en el bolsillo de su camisa. Una vez verificado el número que le llamaba,y comprobar que era el de su novia Giselle contestó al mismo.

¡Hola cómo estás mi amor!, le dijo, si, no te preocupes, me encuentro con mi hermano cerca del museo de bellas artes y junto con nuestro abuelo ahora vamos para su casa en la que debo recoger algunos libros y datos para preparar el trabajo que nos han pedido en el Pre Universitario.

¡Sí!, no te preocupes, te prometo que trataré de estar temprano en 12 y 23,  a más tardar a las siete de la noche y allí veremos qué hacemos, si vamos al cine o a pasear por algún lugar.

No, no llegaré tarde, te lo garantizo.

Bueno, si fuese necesario, te envío un SMS o un correo a tu móvil.

¡Adios mi vida!, yo también te quiero mucho.

Giselle era una bella joven de 18 años, estudiante de la Escuela del Ballet Nacional de Cuba, dirigido por la laureada internacionalmente Prima Bailarina Absoluta Alicia Alonso, gloria de la cultura cubana, en el que prometía ser una destacada estrella.

La había conocido hacía un año, durante un receso en una función del ballet "Pro Danza" en el Teatro Mella, a la que asistía acompañando a su madre y tras los primeros contactos, se habían enamorado, como se dice, locamente. A él le habían atraído de inmediato sus ojos color de miel, su larga y sedosa cabellera, su cuello de cisne, sus gráciles movimientos y también su afable carácter y la profundidad de sus pensamientos.

A élla, su lozana masculinidad, su nobleza de espíritu, su delicadeza y caballerosidad, así como su inteligencia y erudición. 

Sebastián queriéndose desquitar un poco de las bromas de Leonardo le dijo: Oye mi hermano, esta vez creo que sí va en serio la cosa. Te tienen amarrado a lo cortico. A lo que Leonardo algo molesto por la chanza contestó, aprovechando que el abuelo no los veía, tirándole un fuerte manotazo que por suerte no lo alcanzó, ya que lo evadió riendo con un ágil movimiento de karate.

Algunos turistas extranjeros que pasaban cerca en esos momentos en uno de los tradicionales coches de caballos que se alquilan en el Parque Central, se les quedaron mirando, pensando tal vez que era un altercado callejero, por lo que los hermanos riendo se abrazaron y siguieron caminando, hasta llegar al anticuado pero resistente Lada de su abuelo en el que éste ya los esperaba para trasladarlos a su domicilio en el reparto de la Habana del Este.

Al dirigirse el carro hacia el aledaño Paseo del Prado, Leonardo no pudo evitar contemplar con añoranza la llamativa fachada del Gran Teatro de La habana, en el que tantas veces había visto bailar a su amada novia.

Acelerando la marcha, el auto dejó atrás el grandioso Capitolio Nacional, rebasó el histórico Hotel Inglaterra y los no menos conocidos hoteles Telégrafo y Parque Central, desplazándose acto seguido por la acogedora avenida con su alameda de umbrosos árboles con pétreos bancos y tradicionales farolas, sus rugientes leones de bronce, forjados con el metal de antiguos cañones de la época colonial que defendieron por lustros la ciudad de ataques de feroces piratas y de no menos rapaces flotas extranjeras, así como las majestuosas mansiones de eclécticos estilos que la flanqueaban.

Con la luz verde del semáforo de Malecón y Prado, torcieron a la derecha en busca de la entrada del túnel de la bahía habanera, en el que penetraron traspasar cerca del hermoso monumento erigido al General Máximo Gómez, el militar dominicano héroe de la independencia de Cuba, que desde su cabalgadura de bronce, parecía desafiar los embates del fuerte viento del Norte, que furioso encrespaba ese día las olas del mar.

Ya en casa de Ignacio, después de descansar y comer unas sabrosas hamburguesas acompañadas de pizzas que les preparó su abuela Lucía que se interesó por todo lo que habían aprendido durante el recorrido por el museo, a la vez que les reprochaba cariñosamente que no biniesen más a menudo a visitarlos, los dos hermanos recordaron que querían ver el relato que estaba escribiendo su abuelo sobre la historia del antiguo Egipto. Juntos se encaminaron al despacho en donde éste extrajo de una gaveta de su escritorio un voluminoso folleto que luego de examinarlo atentamente, se lo entregó a Leonardo.

Este material les dijo, aún no está concluido y no he podido revisarlo uficientemente, pero mparece que te puede ser de gran utilidad. Así que si me acilitas tu memoria flash puedo cargarte una copia de la primera parte, para ue puedas estudiarlo con detenimiento en tu casa, con la laptó de tu mamá.

Es n relato en forma de novela que trata de los inicios de la época ptolemaica y e un famoso sacerdote egipcio que se llamó Manetón que jugó un destacado papel n la fusión de la cultura helénica con la de su país, a través de una mportante reforma religiosa, impulsada por los faraónes Ptolomeo I Soter y su ijo Ptolomeo II Filadelfo, desde Alejandría y que como ustedes seguro ecuerdan, fueron sucesores del renombrado conquistador Alejandro Magno.

Manetón scribió además una historia del Antiguo Egipto que hasta el día de hoy, sigue iendo un documento obligado de lectura para cualquier especialista que se respete.

Oye abuelo,dijo Sebastián, ¡lo que cuentas parece una película de aventuras!.

Bueno mi nieto, aunque muchos no compartan mi opinión, considero que la historia es más interesante que muchas novelas y películas de aventuras. Por lo menos estas se tienen que basar en los datos históricos para que tengan alguna pizca de verdad como expresara el Dr. Eusebio Leal Spengler, Historiador de la Ciudad, "la investigación histórica es la única que puede conducirnos a hallar dónde está la razón de la razón, la piedra Rosetta o la piedra filosofal sobre la que hemos de construir".

De conformidad con este principio, para preparar este material he estudiado una nutrida documentación en español e inglés, buscado datos en bibliotecas y archivos, así como he sostenido correspondencia y hecho consultas a diferentes expertos de destacados museos de Cuba y otros países.

En particular, he analizado con detenimiento unas buenas traducciones que me hicieron llegar del llamado Canon Real de Turín o Papiro de Turín, así como de las denominadas Listas Reales de Sakkara y Karnak y el texto de la Piedra de Palermo, en los que se consignan los nombres de muchos faraones del antiguo Egipto, y que sin lugar a dudas debieron de ser utilizados por Manetón para fundamentar su trabajo.

El Papiro de Turín constituye un documento de mucha mayor trascendencia que las listas mencionadas con anterioridad. Está escrito en lenguaje hierático y originalmente debió de ser una obra de primorosa belleza. Debía contener más de 300 nombres de monarcas, incluyendo la duración de sus reinados en años, meses y días. Al igual que Manetón, el Papiro de Turín empieza con las dinastías de dioses, seguidas por las de los hombres mortales. ­

El papiro fue descubierto por el explorador italiano Bernardino Drovetti en 1822, en las cercanías de Luxor y estaba prácticamente intacto. Pero cuando el rey de Cerdeña lo donó a la colección del Museo Egipcio de Turín ya estaba muy fragmentado, debido a las malas condiciones de su traslado a Italia.

Sebastián interrumpió en ese momento la explicación de Ignacio diciéndole: Abuelito, ¿pero estas
investigaciones históricas tan largas no son algo muy aburrido?.

Al contrario mi nieto, es una actividad que da mucho placer cuando amas tu trabajo.

No te enfades abuelo por lo que acabo de decir. El problema es que muchas veces las clases de historia en la escuela no son muy interesantes, por lo que pienso que las investigaciones también lo podrían ser.

No te preocupes Sebastián. No estoi enfadado. Por desgracia, muchas personas y entre ellas no pocos estudiantes, consideran el aprendisaje de la historia como algo aburrido e innecesario, lo cual está motivado fundamentalmente porque durante su enseñanza, a veces se emplean métodos obsoletos y formales que hacen poco atractivo profundizar en el objeto de esta importante disciplina. Cuando el investigador o el profesor utiliza métodos didácticos, enriqueciéndo con ejemplos y medios ilustrativos sus explicaciones o investigaciones, la historia se vuelve una materia tan atractiva, que es imposible no amarla.

Ese es precisamente el objetivo de mi relato sobre Manetón: fomentar en primer lugar en ustedes mis nietos, así como en todos los que lo lean en el futuro, el interés por la historia del antiguo Egipto en particular y de la Historia Universal en general, convencido de la utilidad que ello puede reportar para la formación integral de la persona.

Profundizando en esta idea, es bueno que conozcan además mis queridos nietos, que vuestra abuela Lucía que como saben es doctora en filología, con amplios conocimientos en las lenguas clásicas, me ha brindado una valiosa ayuda en la preparación de este relato, en especial en todo lo referente al análisis de la bibliografía extranjera sobre la materia que es muy amplia, en idiomas tales como el ruso, inglés, el francés y el alemán.

Oye Ignacio, dijo riéndose la abuela Lucía, déjate de tantas alabanzas y de volver locos a tus dos nietos con explicaciones eruditas, a fin de cuentas ellos ahora van a leer el material que tú le has entregado. Pobres muchachos, me imagino cómo han de haber sufrido contigo en el museo.

Ignacio se acercó sonriendo a su esposa, y besándola con ternura en la mejilla le expresó, imitando un saludo militar: ¡como usted ordene!. Tú eres aquí la reina de la casa.

Leonardo cada vez más interesado en lo que había oído, tomó en sus manos el valioso documento, mientras Sebastián se acomodaba a su lado en un mullido butacón y comenzó a leerlo en voz alta, transportando a todos 2300 años atrás, en un fabuloso viaje a los tiempos del Egipto ptolemaico.



CAPITULO II
HELIOPÓLIS

El Sumo Sacerdote se irguió de su asiento y se encaminó hacia el amplio ventanal de sus aposentos que se abrían en la parte occidental del Templo de Ra-Harajti, "el sol del mediodía" de la ciudad de FUNU, o sea el Pilar o Heliópolis, como ahora la llamaban los bárbaros venidos del otro lado del mar.

La ciudad era una de las más antiguas e importantes de Egipto y estaba emplazada a unas 160 "varas de cuerda", antigua medida de longitud equivalente a 8 km, al este del río Nilo en el extremo meridional de su delta, y a aproximadamente a 10 km, al noreste de lo que sería después El Cairo.

Corría el verano del año 286 a.C en Heliópolis, durante la crecida anual del Nilo y el Pontífice, un aristócrata de noble porte, atractivas facciones y elevada estatura, recordaba que esta ciudad, había sido originalmente el centro de culto del dios Tem, deidad del Sol poniente, posteriormente considerado como una forma del dios sol Ra. En la literatura teológica egipcia, la ciudad era conocida como Per-Ra, o sea, ciudad de Ra.

La historia de la urbe se remontaba hasta el más lejano pasado., la ciudad alcanzó su mayor desarrollo durante el Nuevo Reino, que comenzó cuando Ra, posteriormente denominado Amón-Ra, empezó a considerarse el dios principal del panteón egipcio.

En tiempos de la II dinastía, fue un importante centro astronómico, por ello el Gran Sacerdote tenía el título de "Jefe de los Observadores". Durante el reinado de Dyeser, este título correspondió al renombrado sabio Imhotep, elevado a la categoría de dios por sus propios méritos.

Bajo el faraón Ramsés II, el templo de Heliópolis, en el que servían prácticamente 13.000 sacerdotes y servidores, alcanzó su mayor influencia. La mayor parte de la literatura religiosa del antiguo Egipto fue escrita por sacerdotes de Heliópolis, famosos por sus conocimientos, cuyo templo era el depósito de los documentos reales.

Embargado por estos profundos pensamientos, el Pontífice se volvióy observó que sobre la losa de pulido pórfido rojo que le servía de mesa y escritorio, iluminado por una pequeña lámpara de aceite, forjada en bronce dorado que reproducía la imagen del dios Horus con cabeza de halcón, se encontraba el antiguo manuscrito descubierto hacía poco en Abidos, con un desconocido texto hierático que le había proporcionado uno de los sacerdotes que tenían a su cuidado, la rica colección de papiros del templo y que al parecer, había sido consultado en la época de Ramsés II, por el Escriba que redactó el Cánon Real que narraba la historia de las dinastías de faraones que habían regido por milenios su país.

El documento tenía por una cara, una lista de nombres de personas e instituciones, y lo que sin dudas era, una estimación de tributos. Sin embargo, era elotro lado del papiro el que suscitaba la mayor atención del Pontífice, pues contenía una lista de dioses, semidioses, espíritus, reyes míticos y humanos que gobernaron Egipto presumiblemente desde el principio de los tiempos hasta la época de composición de este inestimable relato. Era el único documento que daba además el nombre de reyes anteriores al faraón Menes.

Dignas de ser recordadas por la posterioridad, pensaba el Sumo Sacerdote, eran las glorias que habían traído a Egipto los inmortales dioses como Ra, Thot, Osiris e Isis, Horus, Anubis y Seth que según las crónicas, habían gobernado por miles de años al principio del mundo, antes que los héroes, y reyes como el legendario Menes de la primera dinastía, el unificador del país; el famoso Jufu o Keops como lo llamaban los griegos, constructor de la Gran Pirámide; Thutmosis IV el esforzado guerrero y, el poderoso Seti I, o su hijo, el valiente Ramsés II que había derrotado en la sangrienta batalla de Qadesh a los despiadados Hititas que por tantos años amenazaron la sagrada tierra del Nilo y que había ordenado construir los maravillosos templos de Abu Simbel, y hasta el propio gran rey Alejandro III de Macedonia que se consideraba a si mismo un dios, hijo del venerado Amón, cuyo sucesor Ptolomeo I hacía 19 años que se había proclamado faraón de una nueva dinastía.

También podía mencionar varias reinas muy destacadas como la legendaria Merytneit, la primera mujer faraón, Nitocris "la más valiente que todos los hombres de su época, la más bella de todas las mujeres, de piel hermosa y rojas mejillas", la poderosa y autoritaria Hatshepsut, la hija de Tutmosis I que gobernó asumiendo el papel y atributos del faraón sólo reservados para los hombres, la bella Nefartari, la esposa preferida y bien amada de Ramsés el grande y la no menos bella y recordada por todos Nefertiti.

En esta larga historia existían además, páginas dolorosas y amargas de guerras civiles, usurpadores y peligrosos herejes reformadores, como el faraón Amenofis IV, el aborrecido Akenatón y las invasiones de los Hicsos en épocas remotas y más reciente de los Persas, encabezados primero por el impío y soberbio Cambises y con posterioridad por Artajerjes III Oco que destruieron su querida ciudad natal, contribuyendo a su actual decadencia.

Cierto es recordaba que algo se había escrito al respecto, por el cronista jonio Heródoto de Halicarnaso que había visitado algún tiempo atrás su país. Según este historiador, el pueblo egipcio habría alcanzado pronto grandes conocimientos de astronomía, e igualmente un alto desarrollo técnico, puesto de manifiesto en la construcción de sus magníficas pirámides. "Los egipcios fueron los primeros hombres del mundo que descubrieron el ciclo del año, dividiendo su duración, para conformarlo, en doce partes" [ año solar de doce meses ]. Decía también que los egipcios fueron los primeros en dedicar altares, estatuas y templos a los dioses y en esculpir relieves en piedra "

Los dioses egipcios habrían sido adoptados más tarde por los griegos y en ellos estaría, según el cronista, el origen de la religión griega:

"Los nombres de casi todos los dioses afirmaba, han venido a Grecia procedentes también de Egipto".

Pero la verdad era que ya fuera por desconocimiento del idioma, la religión, la ciencia, la geografía y las tradiciones, o porque fuera manipulado y engañado intencionalmente por sus interlocutores que según el eran eruditos sacerdotes que lo habían acogido en sus templos, en algunos de los aspectos que brindaba en sus relatos Heródoto sobre lo sucedido en el transcurso de los siglos, dejaba mucho que desear y estaban muy lejos de reflejar con exactitud la realidad de lo acontecido. Algo se decía, tenía que hacer y pronto para enmendar esta situación, tal vez escribir su propia visión de la historia de su Patria, con la ayuda de los valiosos datos y documentos de que disponía, así como dar su valoración crítica sobre lo narrado por Heródoto.

De esta forma cavilaba observando el largo canal que unía a la ciudad con las aguas del ancestral río, creador de la vida y de la civilización de su pueblo, cuando a la estancia entró uno de los sacerdotes Uab, o sea, un sacerdote del bajo clero que fungía como su ayudante y secretario personal que le traía un mensaje del hábil y afortunado general macedonio que dictaba las leyes desde la helenizada metrópoli de Alejandría, ante la cual , comenzaba a palidecer la fama de las orgullosas y seculares ciudades de Tebas, Menfis y Tanis.

Luego de comprobar que el sello real estaba intacto, el Sumo Sacerdote con curiosidad leyó en voz alta el documento escrito en caracteres griegos, lengua que dominaba a la perfección, gracias a sus estudios de la misma. El Pontífice Podía además, descifrar la escritura jeroglífica de tablillas, obras arquitectónicas y esculturas, sin necesidad de recurrir a un intérpetre. A todo ello se unía un conocimiento suficientemente profundo de la historiografía griega que le permitía efectuar comparaciones y emitir juicios críticos sobre ellas.

El mensaje decía:

De: Uerpehty nesuqeni, Biti, Manifestación de Ra,

Elegido de Amón, Ptolomeo I Soter, El Salvador,

Faraón del Alto y Bajo Egipto.

a: Manetón de Sebenito, Sumo Sacerdote de Ra en Heliópolis.

Con el favor de Zeus Todopoderoso te saludo.

Es mi voluntad soberana y así lo dispongo que acudas en el menor término posible a mi capital de Alejandría, para tratar un asunto de singular importancia, en el que se requiere de tu preclara y reconocida sabiduría.

Ponemos a tu disposición, las fuerzas y medios necesarios para que puedas acudir con plena seguridad a mi invitación.

Que los dioses te sean siempre propicios.

Dado en Palacio en el año 19de mi reinado, a 16 de Lōios (Hecatombeón) (julio), Alejandría

Manetón con la preocupación reflejada en el rostro, enrolló lentamente el documento y se llevó las manos al pecho tomando el precioso medallón tallado en una magnífica turquesa que colgaba de su cuello, en forma de un hombre con cabeza de halcón, coronado con el disco solar rodeado por el Ureus, sosteniendo el anj y un cetro, símbolo de la divinidad a la que servía en el templo, musitó en voz baja una plegaria y a continuación se dirigió a su ayudante preguntándole:

¿Ramoses, quién trajo este documento?.

Un oficial del ejército ptolemaico llamado Lisímaco que afirma ser Hegemón de los famosos pezhetairoi,la Guardia Real, contestó éste.

Cerca de la puerta del templo añadió, espera además una fuerte escolta de12 lanceros, así como un grupo de servidores y esclavos que dice deben constituir vuestro séquito en el viaje hasta Alejandría, en una nave de guerra que está atracada en el puerto.

Entonces hagamos honor a las inviolables leyes de la hospitalidad, así que toma las medidas pertinentes para que todos se acomoden y descansen y que se les sirva la comida que deseen.

Además, prepára lo necesario para partir mañana a primera hora. ¡No hagamos esperar mucho al impaciente faraón!, dijo enmarcando una especie de sonrisa burlona.

Pero antes haz pasar al oficial que ha traído esta comunicación, pues quiero saludarlo y conocerlo personalmente.

Dicho esto, Ramoses salió al pasillo contiguo y a poco volvió a entrar acompañado de Lisímaco que con el emplumado casco bajo el brazo derecho, le hizo a Manetón un solemne saludo militar diciendo:

¡Salve Oh Sumo Sacerdote y Gran Vidente de Ra!. Mi nombre es Lisímaco y estaré muy honrado si me acompañas hasta Alejandría para cumplir la gran misión que te tiene encomendada el poderoso faraón Ptolomeo I, del cual soy heraldo.

Manetón observó detenidamente el rostro del recio militar macedonio mirándole directamente a sus azules ojos durante un rato y viendo que este le sostenía firme la mirada, se sonrió y saludó cordialmente al oficial, invitándolo a que se sentara y le explicara las características del viaje hasta Alejandría. Lisímaco,con el mayor aplomo, pues era la primera vez que se enfrentaba a una personalidad religiosa egipcia de tanto rango, le describió los pormenores de la travesía, asegurando a su interlocutor que estaban tomadas todas las medidas para que no hubiese ningún contratiempo , aunque aconsejaba partir de inmediato, antes de que la crecida anual del Nilo fuese mayor. .

El Sumo Sacerdote trató de conocer a través de sus preguntas el objetivo de la misión que debía cumplir en Alejandría, pero Lisímaco, o no poseía datos al respecto o tenía órdenes de no brindar información sobre ello, por lo que desvió el curso de sus respuestas hacia otros aspectos.

Hablando de su persona, el militar le refirió a Manetón que hacía años que estaba al servicio del rey y que bajo su mando había participado en las dos últimas guerras de los denominados diádocos que no eran otros que los grandes generales de Alejandro Magno que una vez éste muerto, lucharon entre si, para apoderarse de su vasto Imperio.

Además, había participado con las tropas del monarca, en las acciones para socorrer a los defensores de la aliada isla de Rodas, que estaba siendo sitiada, obligando al enemigo a retirarse. En señal de agradecimiento, los isleños dieron a Ptolomeo el título de Sóter ("salvador").

Después de esta campaña, dijo Lisímaco, el faraón me decignó comandante para misiones especiales. Aunque hasta ahora, expresó con cierto orgullo, siempre han sido militares y nunca diplomáticas.

A lo expuesto añadió, que sentía una gran admiración por el faraón porque además de ser un valiente guerrero y un estratega consumado, se preocupaba personalmente por el bienestar de su pueblo, así como el desarrollo de la ciencia y la cultura en sus territorios gobernados, lo que Manetón podría apreciar personalmente durante su próxima visita a Alejandría. En particular, el monarca se había esforzado por asegurar la estabilidad interna de Egipto, combinando medidas para contentar a sus súbditos griegos, judíos y egipcios, y en el caso de éstos últimos sin afectar a sus costumbres milenarias.

Luego de esta conversación, Manetón le expresó con delicadeza a su huéspede que si lo deseaba, podía ir a comer y descansar en las habitaciones que le habían preparado en el templo, ya que tenía la intención de partir muy temprano en la mañana.

Retirado el oficial, recogió de encima de la mesa el antiguo manuscrito que había estado estudiando y lo guardó en un sólido y ornamentado cofre hecho con madera de cedro del Líbano. Mientras lo hacía pensaba en cual podría ser el motivo por que el longevo rey macedonio lo llamaba con tanta urgencia aunque tenía el presentimiento de que la invitación le abriría las puertas hacia un nuevo mundo de relaciones en el que podría por fin materializar su sueño de poder escribir una verdadera historia de su país. .

Manetón cuyo nombre significaba "la verdad de Thot", había nacido 30 años atrás, en Sebennitos, ciudad situada en el brazo central del delta del Nilo o brazo sebennítico, la capital del XII nomo del Bajo Egipto, o nomo sebennítico. Había sido la última capital del Egipto faraónico.

Sebennitos antiguamente fue una ciudad de cierta importancia, y su situación en una península, entre un lago, ahora llamado Burlos, y el río Nilo, fue un asentamiento muy favorable para el comercio y sus relaciónes con Ménfis y todo el Bajo Egipto.

Los gobernantes de la XXX dinastía, originaria de esta ciudad, comenzaron expulsando a los persas de Egipto y conquistando Judea, aprovechando la decadencia del Imperio persa; durante unos años hubo una relativa prosperidad en Egipto que permitió un comercio estable, pero no pudieron evitar que un poderoso ejército, lidereado por Artejerjes III, Oco, reconquistase Egipto para el Imperio persa en el año 343 a.C.

Se afirmaba que Manetón descendía, por línea paterna, de un Sumo Sacerdote del templo de Thot, el dios del tiempo y la sabiduría, en Sebennitos, emparentado con Nectanebo II, el último faraón de la XXX dinastía.

Durante la invasión persa, su familia se vio obligada a huir, radicándose en la ciudad de Helyópolis en la que su padre comenzó a servir como sacerdote en el importante templo de Ra,conociendo a la que sería la madre de Manetón, una bella y delicada sacerdotisa del templo de Isis, nacida también en alta cuna.

Una vez liberado por Alejandro magno el territorio egipcio de la dominación persa, la familia de Manetón regresó a Sebennitos, en donde su padre siguió desarrollando sus funciones sacerdotales en el templo local del dios Anhur o sea, Onuris-Shu, el hijo de Ra y su madre, en el templo de Isis.

Aún siendo muy pequeño Manetón, la madre del mismo falleció por lo que su padre se vio obligado arecabar los servicios de una joven viuda que se desempeñaba en el templo de la diosa Hathorla hija de Ra como "Jeneret", o sea una cantante escogida por su buen timbre de voz que le recomendaron para que se encargase del cuidado del niño.

Esta mujer que supo suplir con paciencia y amor, las funciones de la malograda madre sin suplantarla nunca, tenía un pequeño hijo nombrado Ramoses, más o menos de la misma edad de Manetón, por lo que ambos crecieron y educaron juntos.

En virtud de su ascendencia faraónica y los méritos de su padre y abuelo, el adolescente Manetón pudo entrar sin dificultades en el colegio del templo de Ra en Heliópolis y cursar los profundos y largos estudios que lo habilitaron primero como escriba, después como sacerdote de esa divinidad, y luego ir ascendiendo poco a poco, hasta la suprema magistratura del culto solar.

Igualmente logró que su estimado Ramoses, a pesar de su origen más humilde, entrara al referido colegio y obtuviese el grado de sacerdote Uab, uno de los niveles inferiores de la jerarquía religiosa, Por lo que su fiel amigo en agradecimiento prestó solemne juramento ante el obelisco sagrado de Ra de que siempre acompañaría y estaría al servicio de su protector.

Los sacerdote Uab, literalmente eran "sacerdotes puros", porque su limpieza personal era un deber de su cargo, por lo que, afeitarse su cabeza y depilarse era un sello distintivo de los mismos, con el que acentuaban así su búsqueda de la pureza, eran los encargados del cuidado de los instrumentos del culto, realizaban purificaciones, vestían la estatua del dios y la portaban a la barca sagrada.

En el caso de Ramoses, había que añadir que era un políglota de nacimiento, por lo que dominaba desde muy jóven varias lenguas extranjeras, entre ellas el griego y el hebreo, lo que lo convirtió en un insustituible ayudante de Manetón.

La instrucción de la Ciencia sagrada tenía lugar en las Casas de la Vida, llamadas «Per-Anj», instituciones cuyo prestigioso origen se remontaba hasta la época protodinástica.

Las Casas de la Vida más importantes fueron las de Heliópolis, Sais, Memfis, Hermópolis, junto con las de Abydos y Tebas en el Imperio Nuevo. Estos colegios iniciáticos constituían verdaderos templos de la Sabiduría, pues en el pensamiento egipcio no existía una separación entre «lo científico» y «lo religioso», de tal forma que ciencia, teología y filosofía se unifican en una misma Ciencia espiritual o Sabiduría cuya finalidad no sólo era estudiar y comprender el Universo, sino que dichos conocimientos sirviesen al hombre para vivir en armonía con las leyes naturales, orientando su vida en este mundo de acuerdo con el orden cósmico de la existencia, llamado Maat.

Las Casas de la Vida que eran precisamente los centros donde se cultivaban y transmitían estos avanzados sistemas de pensamiento metafísicos, estaban dirigidas por un clero de sabios Iniciados a cuya cabeza se hallaba el Sumo Sacerdote, cuya denominación variaba según las distintas escuelas iniciáticas. En el colegio de Heliópolis se denominaba «El gran vidente de Ra.

El sacerdote recién investido debía justificar sólidos conocimientos de teología, medicina y astronomía. En particular, los sacerdotes de Ra tenían la reputación de poseer grandes conocimientos del cielo. Gracias a sus bibliotecas, los templos de los dioses lo eran también del conocimiento.

Los Ssacerdotes gestionaban los templos, asegurando la celebración del ritual diario y la administración de las tierras de los dioses. Como tales, los sacerdotes formaban en la sociedad egipcia una casta privilegiada, cuidadosamente jerarquizada, que cambiaba de unos santuarios a otros.

Los sacerdotes del alto clero asignados a un templo se organizaban en cuatro colegios que se turnaban cada mes al servicio de la divinidad. Entre ellos, había "especialistas":

  • Sacerdotes ritualistas, literalmente "Los que están bajo el ritual", encargados de leer las glorificaciones de las ceremonias funerarias.
  • Sacerdotes astrónomos, que determinaban el momento adecuado para comenzar las ceremonias.
  • Sacerdotes horóscopos, capaces de distinguir los días de fastos o nefastos del año.
  • Sacerdotes horólogos, que determinaban las horas de cada ceremonia por la observación del sol y las estrellas.

Algunos estaban considerados dotados de ciertos talentos sobrenaturales, jugando entonces un papel como exorcistas, magos o médicosen ciudades y pueblos.

Al siguiente día, muy temprano, mientras Ramoses hacía las coordinaciones necesarias con el oficial del ejército ptolemaico, para asegurar el viaje hasta Alejandría y recogía los enseres y avituallamientos imprescindibles para ello, Manetón se dirigió hacia las instalaciones centrales del templo a los efectos de dar las debidas indicaciones a sus sacerdotes y escribas subordinados y realizar una ofrenda ante el dios solar antes de la partida.

A medida que caminaba por el largo corredor que comunicaba sus habitaciones con el patio en que se encontraba el altar principal y el gigantesco obelisco dedicado al dios Ra, recordaba las características del templo y la historia de su construcción, así como la magnificencia que en otros tiempos había tenido el culto solar. Sabía que en época del reinado de Userkaf, el primer faraón de la dinastía V de Egipto, se impuso una nueva ideología religiosa, la mística solar del clero de Heliópolis, y se abandonó la doctrina de los sacerdotes menfitas. Esta ideología, para escenificar su liturgia, originó una nueva tipología arquitectónica para los templos: el Templo Solar. Estos templos, descubiertos, se organizaban en torno a un gran pilar rectangular, o "Benben", culminado en un "Piramidón", precedente de los obeliscos, simbolizando la columna primordial Nun, sobre la cual se posaba el Sol, y que tenía delante un altar para los rituales. El conjunto generalmente estaba rodeado por una muralla.

De acuerdo con estos cánones, el templo de Heliópolis se construyó descubierto para permitir que penetrara la vivificante luz del Sol.

La majestuosa edificación, carecía por tanto de una nave que albergara la imagen de la divinidad. El Templo también tenía en su lado norte un edificio alargado con almacenes y varios conjuntos de edificios y accesorios dedicados al albergue y el trabajo de los sacerdotes, escribas y esclavos que garantizaban la actividad del templo.

Entre ellos, el ya mencionado archivo de papiros y documentos que atesoraba valiosas referencias sobre la liturgia y la historia y la vida de la mayoría de los faraones que habían gobernado el país.

Luego de tomar un baño purificador y vestir de blanco lino, dirigido por el sumo sacerdote, el ritual comenzó cuando el sol apareció en el horizonte. Manetón levantó las manos hacia el sagrado obelisco y pronunció una fórmula consagrada:

¡Despierta, gran dios, despierta en paz!. A continuación, se dispusieron delante del altar de la divinidad, las ofrendas de comida que se habían preparado: pan, cebollas, verduras, carne de buey, cerveza y vino. Cuando la deidad hubo consumido la materia invisible de los alimentos, fueron distribuidos entre los sacerdotes para ser ingeridos por éstos. Mientras se desarrollaba esta ceremonia, y se hacían fumigaciones con aromático incienso, un coro entonó con sus potentes voces que se elevaban hasta el cielo, un hermoso himno en el que se glorificaba al dios Ra.

'Te saludo, has venido como Jepri, Jepri como creador de los dioses. Cuando apareces y te elevas, tu madre Nut brilla siendo coronado como rey de los dioses.

¡Que tu madre Nut, cuyas manos te hacen un saludo, te engendre!.

¡Que te reciba Manu en paz y Maat te abrace en las dos estaciones!'.

Que dé la gloria y el poder como justificado, y permita salir como un alma viviente para ver a Horajety, al ka del Osiris, el escriba Ani, justificado ante Osiris. Él dice:

'Oh todos los dioses del templo del alma, quienes pesan el cielo y la tierra en la balanza, quienes dan alimento y provisiones.

Oh Tatunen, el único, quien creó la humanidad, la enéada divina, el sur, el norte, el este y el oeste.

Dad una adoración a Ra, señor del cielo, soberano , quien creó los dioses.

Adoradlo en su bella forma en su ascensión en la barca de la mañana.

Te adoran los que están arriba, te adoran también los que están abajo.

Para ti, escriben Thot y Maat cada día; cuando tu enemigo fue dado al fuego, cayó el maligno y sus manos quedaron atadas después que Ra eliminó sus huellas; los hijos de la revolución no existen.

La Mansión del príncipe está en fiesta, la voz de los que se regocijan está en el trono y los dioses se sienten regocijados porque pueden ver a Ra cuando aparece con sus rayos inundando las tierras.

Avanza la majestad de este noble dios y tras reunirse con la tierra de Manu, de nuevo iluminará la tierra con su nacimiento cada día después de alcanzar su límite de ayer.

Debes ser benévolo conmigo para que pueda ver tus bellezas, ser próspero sobre la tierra, golpear a los asnos y ahuyentar al maligno después de destruir a la serpiente Apep en su momento de actuación y ver al pez 'abdyu' transformado en su tiempo y al pez 'inet' . . . . estando el barco inet en su lago.

Que pueda ver a Horus como timonero con Dyehuty [Thot] y Maat próximos a él, recibir el remo de proa en la barca 'seketet' y el remo de popa en la barca 'mandyet'.

Que me permita ver el disco solar y observar la luna sin cesar cada día, que pueda salir mi alma para que se pasee] hacia el lugar que desee; que se invoque mi nombre cuando sea encontrado después de la reversión de las ofrendas y se coloquen ofrendas para mí en mi presencia como se hace a los seguidores de Horus.

Que se me haga un lugar en la barca sagrada el día del tránsito del dios y sea recibido en presencia de Osiris en la tierra del justificado, para el ka del Osiris Ani

Después de realizar las libaciones y sacrificios establecidos, así como comprobar que el centenario reloj de sol del patio marcaba algo más de las 7 de la mañana, Manetón se dirigió hacia el vestíbulo del templo en que lo aguardaba ya su comitiva y allí entregó a Amenemopet, el Segundo Gran Sacerdote el sello sagrado que lo habilitaba como Administrador Principal del Templo y Defensor de Ra en su ausencia.

Querido hermano, que las fuerzas del poderoso dios Sol te acompañen e iluminen siempre le dijo, y sin mirar para atrás, partió hacia su desconocido destino, convencido que su infalible divinidad lo guiaría con mano segura hacia un venturoso futuro.


CAPITULO III
POR EL NILO HACIA ALEJANDRIA

Manetón luego de saludar a Lisímaco, seguido del fiel Ramoses, se puso con toda solemnidad al frente de sus acompañantes y se dirigió con pasos decididos hacia el embarcadero principal del puerto de Heliópolis, para tomar la nave de guerra que debía transportarlo hasta Alejandría.

Mientras avanzaban por la calzada flanqueada de impresionantes esfinges de granito que conducía a los muelles, Ramoses recordaba que en el Colegio Sacerdotal le habían enseñado que el transporte en Egipto utilizaba principalmente la vía fluvial. El Nilo era el nexo de unión de las distintas ciudades desde la segunda catarata en la Baja Nubia hasta el Mediterráneo; y costeando éste, a diversas ciudades como Biblos.

El transporte fluvial era primordial para el comercio, y éste para la economía egipcia ya que una de las características tempranas de su país era el gusto de sus ciudadanos por los objetos de lujo exóticos, desde oro y piedras preciosas de Oriente hasta los animales, marfil y ébano del África negra, que pagaban con sus exportaciones de trigo, orfebrería, perfumes, papiro e incluso vino.

Sus maestros le habían explicado que normalmente para trasladarse por mar, los egipcios utilizaban la navegación de cabotaje, es decir, costeando de puerto en puerto. Las naves eran grandes barcos con remos y velas cuadradas, que se utilizaban para las expediciones marítimas comerciales que traían resina y madera del Líbano, (Escalas del abeto) y marfil e incienso del país de Punt (Escalas del incienso). Su principal destino era Keben o sea, Biblos, y los barcos utilizados en el Mediterráneo se llamaban kebenit, y eran comprados en Biblos o construidos en los astilleros egipcios con madera importada y siguiendo el modelo fenicio: un largo casco curvado con espolón en la proa y una popa elevada, con dos casetas a cada extremo. Una soga pasaba por cuatro apoyos y unía los extremos, y en el centro se instalaba un mástil que portaba una vela rectangular. En popa había dos timones, uno a cada costado. Cuando el viento amainaba, la tripulación tomaba los remos. Además de los marinos en los barcos viajaban soldados y los siempre presentes escribas, encargados de registrar cualquier aspecto del viaje.

Ramoses sabía tambíén que las líneas marítimas podían unirse: las embarcaciones llegadas del Mediterráneo subían por el brazo Tanítico hasta Bubastis y se desviaban por un canal hasta alcanzar el Uadi Tumilat, que era navegable en épocas de grandes crecidas por barcos de poco calado. Atravesando los Lagos Amargos la vía alcanzaba el golfo de Suez.

Llegados a la nave, que en este caso era una Triemiolia, una variante más moderna y maniobrable de los aguerridos Trirremes, especializada en la lucha contra barcos piratas, fletada especialmente por Ptolomeo I para asegurar que el sabio sacerdote viajase sin contratiempos a Alejandría, fueron recibidos por el Trierarca o sea el capitán de la misma, llamado Nearco quien acomodó a Manetón en una lujosa tienda instalada para él, en la parte más amplia de la popa de la embarcación.

Honorable Sumo Sacerdote le dijo a Manetón, esto es un navío de combate y no tiene muchas facilidades como se puede imaginar, pero trataremos que durante la navegación usted se sienta lo mejor atendido, de acuerdo con su alto rango. Tengo instrucciones directas del gran faraón de protegerlo y hacerle lo más agradable posible su travesía hasta Alejandría.

Por su parte, los integrantes de la comitiva se instalaron como pudieron en la cubierta del buque, mientras Ramoses desplegó una esterilla cerca de la tienda del Sumo Sacerdote para estar siempre a su lado. Nunca había sido muy de su agrado navegar, ni siquiera por las tranquilas aguas del Nilo, así que mucho menos por el encrespado mar, en el que se imaginaba toda una serie de monstruos e infortunios, pero su vida y su destino estaban ligados inexorablemente por un sagrado juramento con los de su maestro Manetón, por el cual estaba dispuesto a dar hasta su propia vida.

Lisímaco le informó al Pontífice que Nearco, el capitán, a diferencia de otros Trierarcas era un avezado marino que tenía una gran experiencia en la navegación, pues había participado como almirante de las flotas de Alejandro Magno y Ptolomeo en innumerables batallas navales y arriesgadas travesías, por lo cual era una verdadera garantía para arribar felizmente al puerto de Alejandría.

Nearco el "Cretense", como mucho lo llaman, a sus 79 años, tiene una salud de hierro. Más que un buen marino, es una figura legendaria de nuestra flota.

Junto con Ptolomeo, Erigio, Laomedonte y Hárpalo, hizo de "hermano mayor" de Alejandro Magno, siendo su mentor y consejero.

Llegó a ser navarca de la flota real en 325 a.C.: Pilotó la expedición entre el Indo y el Éufrates y exploró los mares colindantes al Golfo Pérsico.

en el 313 a.C, fue asesor de Demetrio. Después de esto,[] se retiró varios años del servicio militar, para escribir en su tierra natal la versión definitiva de su Cuaderno de Viajes, que se ha convertido en un relato muy popular. Hace unos 10 años, volvió a Alejandría ofreciendo su indiscutible experiencia naval a nuestro rey Ptolomeo I, su antiguo compañero de armas, quien no vaciló en aceptar su valiosa ayuda.

En virtud de ello, el faraón le pidió a Nearco que se encargara de asegurar vuestro traslado a Alejandría, como muestra de respeto hacia su persona. Manetón muy impresionado por esta deferencia del monarca , agradeció a Lisímaco la informaci´ón y se dispuso a observarlo que hacían los marineros.

Realizadas las maniobras de desatraque y levantada el ancla, la esbelta nave, a una orden de su capitán, enfiló por el canal que unía a Heliópolis con el Nilo, impulsada por sus 120 poderosos remos, al compás de los acordes del flautista que tenía a su cargo mantener la cadencia de la boga.

Al cabo de una hora de navegación cuando estubieron en el centro del río, se recogieron los remos y se izó la vela mayor. El barco con el flameante gallardete de Ptolomeo I a popa, favorecido por una fuerte brisa que por suerte soplaba proveniente del desierto y la corriente del Nilo, se dirigió rumbo al norte, bajo un diáfano y azul cielo, cual veloz halcón, gobernado hábilmente por el piloto hacia la desembocadura del mismo, cortando las aguas con su afilado espolón de proa.

En la ribera occidental, frente a Menfis, no muy alejada hacia el sudoeste de Heliópolis, se encontraba la impresionante necrópolis de Guiza, con las grandes pirámides que ya en la época de Manetón eran famosas por su antigüedad.

Como Lisímaco manifestó que le hubiese gustado visitar este lugar tan lleno de misterios, el Sumo Sacerdote le explicó que la necrópolis de Guiza era la mayor de Egipto, con enterramientos datados desde las primeras dinastías. Su esplendor lo alcanzó durante la cuarta dinastía, cuando se erigieron la pirámide de Jufu, o sea Keops, también conocida como la Gran Pirámide, la pirámide de Jafra (Kefrén) y la relativamente pequeña pirámide de Menkaura (Micerino), junto con varias otras subsidiarias menores, Templos funerarios, Templos del Valle, embarcaderos, calzadas procesionales ceremoniales. También se esculpió en la roca de la meseta la Gran Esfinge de Guiza.

La Gran Pirámide subrayó Manetón, se erigió en el periodo de mayor apogeo del poder faraónico durante el Imperio Antiguo, y muestra la capacidad organizativa y el conocimiento adquirido por los artesanos y técnicos de nuestro pueblo para erigir tales monumentos, aunque con medios aparentemente simples. Es el mejor exponente de todas las pirámides realizadas en Egipto, la culminación de un proceso de mejoramiento de técnicas constructivas que comenzó en la época de Dyeser y prosiguió en la de Seneferu.

Heródoto de Halicarnaso, quien contempló la pirámide hacia el año 450 a.C, comentó que «su tiempo de construcción fue de veinte años», y que subían las piedras labradas, de grada en grada, mediante artefactos conformados de maderos cortos.

En cuanto a la pirámide, se gastaron en su construcción veinte años: es una fábrica cuadrada de ocho pletros de largo en cada uno de sus lados, y otros tantos de altura, de piedra labrada y ajustada perfectamente, y construida de piezas tan grandes, que ninguna baja de treinta pies.

La pirámide fue edificándose de modo que en ella quedasen unas gradas o apoyos que algunos llaman escalas y otros altares.

Hecha así desde el principio la parte inferior, iban levantándose y subiendo las piedras, ya labradas, con cierta máquina formada de maderos cortos que, alzándolas desde el suelo, las ponía en el primer orden de gradas, desde el cual con otra máquina que en él tenían prevenida las subían al segundo orden, donde las cargaban sobre otra máquina semejante, prosiguiendo así en subirlas, pues parece que cuantos eran los órdenes de gradas, tantas eran en número las máquinas, o quizá no siendo más que una fácilmente transportable, la irían mudando de grada en grada, cada vez que la descargasen de la piedra; que bueno es dar de todo diversas explicaciones.

Así es que la fachada empezó a pulirse por arriba, bajando después consecutivamente, de modo que la parte inferior, que estribaba en el mismo suelo, fue la postrera en recibir la última mano.

Por su parte la Esfinge, el gigantesco guardián de la necrópolis de Guiza, fué considerada en el Imperio Nuevo como la imagen viviente del dios Harmaquis, una deidad que reune en sí la triple forma de la divinidad solar durante su recorrido diurno: Jepri en su nacimiento, Ra en el esplendor del mediodía y Atum en el ocaso.

La Gran Esfinge de Guiza subrayó, es uno de los monumentos emblemáticos de la civilización egipcia. Con su mirada milenaria que contempla, cargada de misterio, el sol naciente en el horizonte, la Esfinge ha atraído a todos los viajeros que han visitado Egipto.

Se cree que representa al rey con la fuerza de un león y a la vez con la inteligencia humana.

Por el camino se cruzaron con una barca adornada con guirnaldas de flores, en la que afligidos acompañantes, pronunciando a coro rituales salmos, transportaban hacia su última morada, el policromado sarcófago cubierto de mágicas inscripciones, con la momia de una virginal sacerdotisa de Isis, fallecida un tiempo atrás.

Mientras la Triemiolia aminoraba la marcha y su tripulación , en respetuoso silencio observaba esta luctuosa escena, Manetón y Ramoses después de hacer una solemne reverencia, entonaron un fúnebre hímno en honor de la difunta que pronto sería sepultada en una decorada pero fría tumba excavada en la roca de la cercana necrópolis, con toda la pompa de una princesa real.

A Manetón, acostumbrado a las ceremonias de la muerte, lo visto no lo y presionaba tanto como el hecho de que la occisa fuese una joven, casi una adolescente, en la flor de la vida que los dioses Osiris y Anubis habían decidido trasladar a su siniestro mundo, envidiosos de que élla adornase con su belleza de loto la tierra de los vivos.

Algo parecido había ocurrido muchos años atrás con su añorada madre, cuya dulce imágen era ahora sólo un borroso recuerdo de la memoria de su temprana niñez.

A medida que se alejaban de ese triste lugar, y para mitigar el sentimiento de pena imperante, el experimentado capitán le explicó a Manetón que los trirremes se utilizaban desde finales del siglo VII a. C, en tiempos del faraón Necao I, que excavó un canal entre el Nilo y el mar Rojo «lo bastante ancho como para que dos trirremes bogando de frente pudieran navegar por él», antes de hacer construir algunos de ellos, unos con destino al mar septentrional, los otros en el Golfo Arábigo con destino al mar de Eritrea.

Sin embargo, los corintios afirmaban y muchos griegos creían, que su ciudad era la que había inventado los trirremes.

Sus dimensiones dijo, ángulo de inclinación y los recorrido de los remos a los que se sumaba el entrenamiento de las tripulaciones para conseguir una boga organizada, así como la concentración de esfuerzos permitía un mejor gobierno del buque y el aumento de la potencia en tramos de boga cortos durante el combate para emplear el espolón de proa.

La primera y más famosa batalla naval en que los trirremes fueron utilizados, explicó Nearco, fue la de Salamina, en el 480 a.C, que enfrentó a la flota griega, principalmente la de Atenas, a la armada persa, numéricamente muy superior, siendo esta última destruida completamente.

Manetón observó que los remeros del banco inferior, llamados talamitas, movían sus remos a través de portillas situadas a unos 50 cm por encima de la línea de flotación y, por ese motivo, provistas de troneras de cuero. Los remeros del banco medio, llamados zigitas, los movían bajo el puente. Mientras que para sujetar los toletes de los remeros del banco superior, llamados tranitas, se habían dispuesto monturas de madera que sobresalían de las bordas y que se llamaban parexeiresia, es decir, «dispositivo auxiliar para los remos». De modo que los emplazamientos para remar se superponían, pero también se imbricaban, de tal forma que las portillas se presentaban al tresbolillos en los flancos del navío. Así se conseguía no forzar, por razones de seguridad, la altura de las bordas (2,20 m) e igualar la longitud de los remos (4,17 m, excepto en el centro del trirreme, en donde llegaba a los 4,40 m). Por consiguiente, la unidad tripartita de remo, que daba su nombre a este tipo de barco, se disponía en oblicuo.

Nearco siguió explicando que la tripulación era reclutada por los Soberanos, por medio de dinero, entre sus súbditos o entre las poblaciones con experiencia del mar Egeo, Asia Menor, Chipre y Fenicia. La dirección de la nave se llevaba a cabo mediante un timón, una especie de remo, que debido a su forma diferente, se maniobraba desde la popa. Con mal tiempo el trirreme se equipaba con dos timones, el segundo situado en la proa. Para las navegaciones en alta mar disponía de dos timones, y en los temporales y con calma chicha utilizaba el corriente, pero si el mar se encrespaba pasaba el otro a través de la proa por los remos de la parte superior con la garganta y anillas sobre el puente, de suerte que al levantarse la popa, la nave era dirigida con éste.

Las tripulaciones subrayó, perdían lo menos posible de vista la costa, porque el trirreme era, en definitiva, una embarcación poco segura: al menor golpe de viento tenía que buscar abrigo en la costa. Además, aunque rápida y ligera, era incapaz de estar largo tiempo en el mar sin carenaje. Para calafatearla, para conservarla, era necesario que tocara tierra con frecuencia.

Aunque añadió de inmediato, viendo la cara de preocupación de su interlocutor que esperaba que con el favor de los dioses, no habría contratiempos durante la navegación, ya que todos los sacrificios realizados a las divinidades del Nilo y el mar, habían sido propicios.

Además subrayó, la escolta de lanceros que se encountraba a bordo había sido reforzada con 8 experimentados arqueros navales los que unidos a los marineros de cubierta y a una parte de los remeros de la primera fila que llegado el caso, podían combatir como hoplitas, hacían que la tripulación de la nave fuera mucho más potente que lo habitual. En este caso contaban con 150 bien entrenados hombres.

A pesar de estas palabras tranquilizadoras, Ramoses pensó que a bordo había un extraordinario amontonamiento de hombres y de materiales y que[] no se podía embarcar víveres para mucho tiempo, por otra parte, a consecuencia del hacinamiento, la tripulación no podía descansar mucho, salvo que lo hiciera en tierra.

Finalizada esta conversación y como el sol estaba en su zenit, el capitán invitó a Manetón y a su ayudante a compartir con él su rústica mesa, en la que se sirvió un almuerzo más abundante de lo normal, en comparación con lo que ingería cada día la tripulación.

Después de comer, y a la sombra de su tienda, Manetón se recostó en los mullidos almohadones que le habían facilitado y comenzó a conversar con Lisímaco sobre diversos asuntos de su interés. Respondiendo a las preguntas del militar macedonio, le relató la historia del Nilo y su influencia en la civilización egipcia.

Para nuestro pueblo le dijo, el Nilo ha sido, y sigue siendo, el centro de su existencia, pues facilita el crecimiento del grano,nos suministra el pescado y el valioso junco de papiro, y es utilizado como vía fluvial.

La veneración del pueblo para con el río sepuede advertir en el Himno al Nilo, compuesto presumiblemente durante el Imperio Medio, hacia 2050-1750 a.C, que reza: «Salve, oh Nilo, que surges de la tierra, que vienes a dar vida al pueblo de Egipto.»

Considero que el historiador griego Heródoto resumió con agudeza la relación entre el país y el río cuando expresó que: «Egipto es un don del Nilo».

En sus orígenes Egipto era llamado por sus habitantes Kemet, que significa «negro», a causa del contraste entre las oscuras tierras aluviales formadas por el sedimento de las crecidas y el leonado desierto que se extiende a ambos lados hasta perderse de vista.

El Nilo alimenta además las vidas de millones de personas en su recorrido a través del país. Han habido por supuesto, años malos en que las inundaciones han fallado, como durante los siete años de carestía que según la tradición tuvieron lugar durante el reinado de Zoser, rey de la III dinastía hacia el siglo XXVIII a.C.

Pero casi siempre el río proporciona una vida holgada a quienes dependen de él, a juzgar por los versos escritos para celebrar la nueva capital de los faraones de la XIX dinastía al noroeste del delta, los inmortales Ramsés:

"La Residencia es agradable para vivir; sus campos rebosan de cosas buenas; están (llenos) de víveres y alimentos cada día, sus estanques de peces, y sus lagos de pájaros. Sus praderas son verdes y herbosas; sus orillas dan dátiles... Sus graneros están (tan) llenos de cebada y trigo (que) llegan casi hasta el cielo. Las cebollas y puerros son para el alimento, y la lechuga de la huerta, las granadas, manzanas, olivas e higos del vergel, el vino dulce de Ka-de-Egipto, que supera a la miel...»

Lisímaco, le dijo el Pontífice, debes tener en cuenta que la vida cotidiana en Egipto está entretejida de observancias y rituales religiosos. El río se asocia con cierto número de dioses, siendo su deidad particular Hapi, Gran Señor de los Alimentos, Señor de los Peces. Según la creencia popular, Hapi es responsable de las crecidas, derramando el agua de su jarro sin fondo, sentado en una cueva protegida por serpientes, al pie de las montañas de Asuán.

Anualmente se hacen sacrificios en Yabal Silsila para asegurarse de que incline su jarrón en el ángulo adecuado: demasiado volcado podía significar un diluvio, y demasiado poco significaría sequía y hambre en todo el país.

Hapi encarna al Nilo, pero el río también está vinculado con la vida y la muerte de Osiris, el dios del mundo de ultratumba. Simbólicamente, la historia de Osiris refleja la vida del gran río. Durante su reinado en Egipto fue asesinado por su malvado hermano Set, y los fragmentos de su cuerpo fueron esparcidos por todo el país. Su consorte Isis, tras una concienzuda búsqueda, reunió los miembros dispersos y lo resucitó. Tras su resurrección, tuvieron un hijo, llamado Horus, el siguiente rey de Egipto que también fue divinizado. Entonces Osiris descendió para gobernar el mundo de ultratumba.La vida y la muerte de Osiris simbolizan la muerte y resurrección anual del Nilo. El malvado Seth es el ardiente viento del desierto que consume las aguas. Osiris está muerto cuando el Nilo está seco, y su cuerpo es encontrado por Isis el día de su crecida anual. Al igual que Osiris fecunda a Isis, creando nueva vida y esperanza, el río anega sus orillas para fertilizar los campos.Osiris es el Nilo, Isis es la tierra: la unión de ambos es la unión perennemente productiva del agua y del suelo.

Algo alejado de esta conversación, Ramoses observaba extasiado las verdes riberas del Nilo, cubiertas de cañaverales de juncos de papiros, en las que habitaban decenas de gráciles garzas, deliciosos patos, ocas salvajes, hermosos ibis y de vez en cuando se podían ver a enormes cocodrilos durmiendo con la boca abierta, lo que no impedía que laboriosos pescadores realizasen su faena en frágiles botes construidos con papiros entrelazados extrayendo del río grandes cantidades de peces con sus redes.

Aquí y allá, en la ribera derecha, se beían a hombres y mujeres afanados por igual en sus trabajos del campo apurados en reparar los diques y esclusas, pues la crecida anual del río había comenzado y las aguas empezaban a inundar las fértiles tierras.

alegres niños jugaban correteando cerca de la orilla del río tirándole piedras al agua o aventurándose a pescar con improvisados anzuelos.

A la izquierda, el fecundo valle extendía hasta el desierto sus campos y sus huertas, estremecidos de alegría, en espera del fértil limo que le traían las salvadoras aguas de la crecida; y la tierra exhalaba el hálito de su fecundidad, como un perfume embriagador.

La mayoría de los egipcios eran campesinos, pensaba Ramoses, y cumplían labores agrícolas, que incluían labranza, riego y cosecha. La producción obtenida era dividida en una parte que era para ellos y la otra, la mayor, iba a los almacenes reales.

Ramoses sabía que bajo el faraón se situaban cinco clases sociales muy bien diferenciadas, las que permanecieron prácticamente inalteradas, debido a que los hijos por lo general ejecutaban las mismas tareas que sus padres. La rígida división de clases egipcia obedecía, también, a la necesidad de organizar y controlar, hasta en sus más mínimos detalles, la vida de los súbditos de un imperio tan vasto como el de su país.

El faraón contaba con un grupo de sacerdotes y nobles, algunos eran parientes, poseedores de enormes extensiones de tierras. Los sacerdotes se caracterizaban por su sabiduría, siendo su principal tarea la administración de los templos y la atención de sus divinidades, para interpretar sus deseos y cumplirlos. Los nobles administraban el país en nombre del faraón, lo que implicaba cumplir tareas como la ejecución de las obras públicas, la supervisión de la construcción de canales y diques, la administración de los frutos guardados en los almacenes reales y el cobro de los impuestos.

Los nobles eran apoyados en sus tareas por funcionarios y escribas, quienes, al estar en contacto con los pueblos, lograban que la administración fuera más eficiente. Ellos se caracterizaban por saber leer, escribir y ser grandes calculistas, debiendo estudiar durante cinco años.

Los comerciantes se desplazaban dentro de Egipto en barcos o en caravanas. Vendían una gran cantidad de productos, tales como incienso, resinas, esmeraldas, ébano y marfil, los que traían desde lugares muy apartados. Entre los artesanos se encontraban los carpinteros, artistas, ebanistas, orfebres, arquitectos y embalsamadores.

Los agricultores formaban la clase más numerosa, pero eran despreciados por el resto de la sociedad, aunque la agricultura era una de las principales preocupaciones de los egipcios. Durante los períodos de las crecidas, los campesinos trabajaban en grandes proyectos como la construcción de pirámides,templos y otros monumentos.

Por último los esclavos se desempeñaban en diferentes tareas, como servir en el palacio del faraón o en las casas de los nobles, guerreros y sacerdotes. Por lo general eran extranjeros, prisioneros de guerra o personas entregadas como tributo por otros países.

Bajo estas milenarias condiciones, los nobles y los ricos siempre habían vivido bien y gobernado el país, mientras los pobres, salvo raras excepciones, habían tenido que sustentar con el sudor de sus espaldas, el vasto imperio faraónico. A veces, con un poco de suerte, valor y mucha audacia, un individuo nacido en cuna humilde, lograba a través de los méritos obtenidos en el ejército o la clase sacerdotal, escalar los peldaños del poder, aunque en la historia de Egipto, pensó Ramoses, no abundaban estos ejemplos. Lo paradójico era que este orden tan injusto, existía con la anuencia de las divinidades. ¿Sería acaso que en realidad a los dioses no les importaba el destino de los hombres?.

Mientras así reflexionaba, se le acercaron el prōreus o prōratēs, oficial a cargo de las operaciones en la proa, y el contramaestre o keleustēs, deseosos de conocer también alguna interesante referencia sobre el Bajo Egipto. Ello le proporcionó a Ramoses la oportunidad de mostrar también ante los rudos marinos sus conocimientos sobre el país.

El Bajo Egipto les relató, es conocido como Ta-Mehu que significa "tierra del papiro". Es "bajo" en relación al curso del Nilo.

Está representado por la Corona Roja llamada Mhs, net, bit, deshret, uer y la avispa. También el áspid, signo la diosa Uadyet, es un símbolo del Bajo Egipto (el buitre dijo lo era del Alto Egipto).

En el trono del faraón el norte está representado por plantas de papiro y el sur por lotos. . . .

Ya tarde casi al anochecer, después de fondear cerca de la orilla, en un lugar bastante elevado pero desolado, Manetón junto con Lisímaco y el capitán cenaron a bordo, mientras la tripulación establecía un campamento en tierra para descansar, encendiendo hogueras y colocando postas como medidas de precaución.

Manetón y Ramoses prefirieron quedarse en la nave para dormir bajo la protección de un grupo de lanceros, pero casi no pudieron hacerlo, pues la noche fue muy bochornosa y nubes de hambrientos mosquitos los acosaron todo el tiempo.

Por si esto fuera poco, en la ribera opuesta del río, bajo la mortecina luz de la luna, se escuchaban los pavorosos aullidos de algunos chacales que merodeaban en busca de comida y entre los cañaverales inundados de la orilla oriental, se sentía el chapoteo de grandes reptiles y el croar de cientos de ranas. De vez en cuando se oía también, el lúgubre graznar de algún ave rapaz nocturna.

Ramoses le dijo a Manetón, maestro creo que el dios Anubis esta noche ha salido temprano en busca de almas perdidas. A lo que el Sumo Sacerdote no contestó de inmediato, mirándolo de forma compasiva, pues aunque era profundamente religioso, Manetón en su fuero interno sólo creeía en un único dios, el todopoderoso Ra y además, nunca había sido supersticioso como la mayoría de sus coterráneos, ya que los profundos conocimientos que tenía de la ciencia en sus distintas esferas, lo habían convencido de la falsedad de estas creencias.

Estimado Ramoses te podrá parecer extraño lo que te voy a decir, pero es hora ya de que vayas comprendiendo algunas verdades cruciales de nuestra existencia. Todos los dioses no son en el fondo más que manifestaciones, hipóstasis de otro dios, pero ese "otro dios" es plural, pues este papel lo pueden desempeñar distintos dioses, no uno sólo.

Ramoses un poco confundido por esa visión unificadora de la divinidad, le replicó a Manetón: Maestro cómo es posible entonces que nuestro pueblo pueda creer al mismo tiempo en una cantidad tan grande de dioses.

El Sumo Sacerdote contestó: desde tiempos inmemoriables nuestro pueblo no rindió culto a todo el panteón completo, ni tampoco tenía la obligación religiosa ni moral de hacerlo sino. El número de dioses que adorara era arbitrario.

Por lo general,los egipcios suelen adorar fundamentalmente a los dioses de su ciudad y sobre todo al dios local principal, el atrono, además de alguna que otra divinidad nacional.

Pero con cierta frecuencia, en un momento dado de su acto de veneración, ya fuese en la oración, la alabanza mediante el himno, la plegaria, etc,nuestros coterráneos eligen de entre la abundancia de dioses de su panteón a un solo dios, su predilecto, o cualquier otro que fuese apropiado para ese momento circunstancial, que significa para él toda la divinidad.

Así que en la práctica, sólo existe un dios único, El Demiurgo, un Ser Supremo y Todopoderoso por encima de todo, que no anula los múltiples dioses, los cuales no son sino expresiones personificadas y deificadas de su sublime naturaleza.

Los nombres de los dioses, sus personalidades, sus cultos e imágenes, los ritos, los animales de la religión egipcia, no son más que símbolos de las cosas sagradas.

Ramoses, quizás en la gramática de Dios el número no exista, porque Dios, como el agua, el aire, etc. sea algo que no se puede contar. Por ello, aunque parezca paradójico, Dios ha creado a todos los dioses.

Un poco escéptico todavía, Ramoses volvió a preguntar: maestro, ¿pero en definitiva, entonces para qué sirve tanta pluralidad de creencias?.

A lo que respondió el Sumo Sacerdote: para que triunfe siempre en el cielo y la tierra Maat o sea, el símbolo de la verdad, la justicia y la armonía cósmica.

Recuerda siempre que fundamentalmente, Maat es un concepto abstracto de justicia universal, de equilibrio y armonía cósmicos que imperan en el mundo desde su origen y es necesario conservar, ya que resume la cosmovisión de nuestra sociedad.

Y no olvides Ramoses nunca, que como reza el antiguo proverbio de Ptah, «El que escucha es un hombre a quien el dios ama, y el que no escucha es un hombre al que el dios detesta».

Y ahora, trata por favor de dormir un poco que pronto amanecerá.

Por la mañana del segundo día de navegación, levantaron ancla muy temprano y la nave para alivio de todos, prosiguió su camino, impulsada por el viento que por suerte no cesaba.

A medida que avanzaban, el buque se iba acercando rápidamente al brazo canónico del Nilo que corría por la región occidental de su delta.

En la época de Manetón, el Nilo tenía siete brazos, gracias a los cuales y a los canales y brazos secundarios del Delta los egipcios tenían una red de transporte tal que nunca tuvieron necesidad de construir carreteras. Esto facilitó la unión entre ellos y dificultó las invasiones exteriores.

A su paso por la ciudad de Cercasoro, el Nilo se dividía en tres brazos: al este el Pelusiaco, al oeste el Canónico y el que es recto, corría hacia arriba llegando al vértice del Delta; desde allí cortaba el Delta por el medio y se echaba en el mar; se llamaba brazo sebennítico. Había aún otras dos bocas que se desprendían de la sebenítica y se dirigían al mar, llamadas la una saítica y la otra mendesia. El brazo bolbitino y el bucólico no eran naturales sino excavados.

Antes de la fundación de Alejandría, los navegantes encontraban dificultades para llegar a Egipto por mar, porque la costa mediterránea de este país no tenía un puerto seguro y permanente; el único puerto en que los barcos podían recalar, antes de entrar en Egipto, era el de la isla de Pharos, conocido por los griegos desde el siglo VIII a.C, y el lugar más próximo para entrar en Egipto era la boca Canópica del Nilo (a unos 30 Km de Pharos), cuyos derechos de aduana los decretaba el rey Nectanebo I 378-360 a.C.

Frente a la isla de Pharos existían algunas poblaciones, de las cuales Rakotis era la mayor. La guarnición militar allí instalada, protegía la entrada occidental del Delta por tierra y por mar.
Los asentamientos de griegos en la costa egipcia, así como sus intercambios comerciales fueron incrementándose desde el siglo VII a.C, por lo que necesitaban un buen puerto permanente en tierra firme, ya que los existentes en Canopo y Peluse eran poco profundos y, debido al flujo de la corriente, debería localizarse al oeste del Delta.

Por ello, las particularidades geográficas y las condiciones meteorológicas fueron decisivas para el emplazamiento de la ciudad de Alejandría y al construir un malecón que uniera Pharos con Rakotis el nuevo puerto estaría protegido de la corriente marítima y de los vientos. Además el canal que unía el lago Mariotis con la ciudad proporcionaba un acceso directo al Nilo y resolvía el abastecimiento continuo de agua potable.

La nave seguía ágil su marcha, bajo un tórrido sol radiante, impulsándose con la ayuda de los remos en diversos tramos, pues el capitán deseaba mantener la mayor velocidad posible. Al pasar frente a la ciudad de Cercasoro, el capitán ordenó que la Triemiolia siguiera su curso, pues deseaba no perder más tiempo por el camino, a fin de poder llegar al otro día a Alejandría. Poco a poco las casas, edificios y grandes templos de la ciudad fueron quedando atrás en el horizonte para desconsuelo de Ramoses que hubiese deseado hacer escala en dicho lugar en el que tenía varios familiares.

Navegando ya por el brazo del río, a derecha e izquierda del mismo, se veían pintorescos poblados y caseríos en medio de la tupida vegetación que cubría las fértiles tierras del delta. De vez en cuando se observaban también pequeños templos dedicados a las divinidades locales,muchos de ellos, sobresaliendo como pequeñas islas en los lugares en los que la crecida del río había progresado más.

Viendo que una bandada de asustados patos había levantado vuelo cerca del barco, algunos de los arqueros que eran mercenarios rodios, se dedicaron riendo a lanzarles flechas con sus arcos, para entretenerse y afinar la puntería, logrando derribar a dos o tres, siendo amonestados severamente por el ya mencionado oficial a cargo de las operaciones en la proa, por desperdiciar de esta forma los valiosos proyectiles.

Al respecto, Manetón entristecido por lo ocurrido, le dijo a Lisímaco que más importante que mantener la disciplina militar era que matar a un animal por gusto era un verdadero sacrilegio, pues el espíritu sagrado de Ra anidaba en cada ser viviente de la tierra, por lo que todos éramos hermanos, a lo que su interlocutor, admirado de la profundidad de esta reflexión filosófica no se atrevió a replicar.

Habían transcurrido unas dos horas desde este incidente, cuando unos marineros que se encontraban en la proa gritaron señalando hacia la orilla izquierda del río, en la que en un lugar de tupidos juncales, varias endebles embarcaciones de pescadores intentaban escapar desesperadamente de la agresión de un grupo de enfurecidos hipopótamos por la intromisión de los hombres en su territorio.

Viendo que uno de los botes había sido volcado por uno de estos animales, Manetón le rogó al capitán que tratase de ayudar a sus compatriotas. Nearco así lo dispuso y con una rápida maniobra del piloto la nave enfiló hacia los terribles atacantes, desorganizándolos con el espolón de proa. Logrado este éxito inicial, los marineros le tiraron algunos cabos a los ocupantes del bote volcado que se debatían en el agua tratando de apartarse de las bestias.

Lisímaco dando muestras de su audacia y arrojo, después de despojarse de sus armas y vestiduras, para asombro de todos, se lanzó a las turbulentas aguas nadando con rapidés hacia los desdichados náufragos para brindarles su apoyo.

De repente uno de estos corpulentos animales que no se había alejado mucho, giró en redondo y emitiendo un espeluznante bramido, atacó de frente a la nave, con irracional valentía, partiendo algunos de los remos con sus enormes fauces e impactando fuertemente su costado con la cabeza, haciendo que algunos soldados y marineros rodaran por la cubierta, por lo que el capitán ordenó golpearlo en su lustroso y grueso lomo con lanzas y largas pértigas, logrando al fin espantar a la fiera y que se fuera hacia la otra orilla.

La tripulación después de prestar ayuda a Lisímaco y a los aterrorizados pescadores que sólo tuvieron por suerte que lamentar el susto recibido y que no sabían como agradecer a sus salvadores, aceleró las maniobras para que la nave pudiera proseguir su camino.

Durante la refriega, uno de los remeros resultó mal herido por una larga astilla que le atravesó el brazo derecho y dos soldados sufrieron ligeras contusiones en la cabeza, siendo asistidos por Ramoses que por sus conocimientos médicos como sacerdote tenía gran experiencia en estos manejos. Además hubo que sustituir los remos que se habían partido, por los de repuesto que llevaba la nave. Inspeccionado el casco del barco, se constató que por suerte no sufrió averías.

Ramoses muy impresionado por la escena que había contemplado, murmuró entre dientes para que su maestro no lo escuchase: parece que el malvado dios Seth trata hoy por todos los medios que nuestro viaje fracase.

Al mediodía almorzaron a bordo de la nave frugalmente sin detener la marcha. Un poco mareados por la navegación y amodorrados por el calor que hacía, los dos sacerdotes se tendieron a dormir la siesta despertando al cabo de unas tres horas.

Manetón para llenar el tiempo se entretuvo leyendo un papiro que traía consigo sobre un antiguo relato del Alto Egipto mientras que Ramoses se dedicaba a conversar con los marinos que en ese momento no estaban ocupados en ninguna faena.

En la medida en que se adentraban en el delta del Nilo, se veían cada vez más poblaciones y aldeas, muchas de ellas a rás del agua, pues en diferentes partes, ya se habían inundado los lugares bajos durante la crecida cíclica.

Recorrido un largo trayecto durante el cual no ocurrió nada especial y estando ya cerca de la entrada del lago Mareotis, el capitán de la nave observando que el sol se ponía poco a poco en el horizonte y que la brisa había cesado, decidió fondear cerca de un embarcadero que había en una zona alta de la orilla, a fin de que la tripulación y sus pasajeros pudiesen descansar por la noche en tierra.

Ya desembarcados y acomodada la tripulación en la cercanía de la nave, Manetón y Ramoses junto con el capitán y Lisímaco acompañados de los inseparables lanceros, se dirigieron a un sercano poblado, en el que fueron recibidos con todos los honores por las autoridades locales, asombradas por la inesperada visita del Sumo Sacerdote de Ra. De inmediato fueron alojados en la más lujosa de las residencias del lugar, en la que se les sirvió una fastuosa cena, a la vez que se les interrogaba sobre el motivo de su estancia.

Después de la cena y antes de acostarse, Manetón se quedó departiendo con sus anfitriones sobre las características del lugar, su economía, las costumbres y los dioses locales del país.

Algunos de los presentes se quejaron en privado a Manetón de que los griegos y macedonios se consideraban a si mismo libertadores de Egipto pero en la práctica no eran más que nuevos usurpadores, aunque actuaban de una forma más sutil que los anteriores.

Por ejemplo dijeron, en la cercana Alejandría, los mejores puestos en la administración son para los griegos, y a los nacionales se les niega en muchos casos los más elementales derechos de poder acceder a los mismos y tener un desarrollo acorde con el de los ciudadanos de otras nacionalidades.

En particular, a los soldados macedonios retirados les son concedidas las mejores parcelas de tierras del delta del Nilo para su explotación. El resto de greco-macedonios se concentra fundamentalmente en Alejandría. Entre los egipcios hay que distinguir dos grupos: por una parte, los privilegiados, es decir, sacerdotes, terratenientes y funcionarios; por otra, una gran masa trabajadora sobre todo agrícola, que a pesar de tener condición de hombres libres sufren a menudo las consecuencias de las exigencias económicas del Estado.

El Sumo Sacerdote sabía que todo esto era cierto pero no podía imaginar de qué forma se podría arreglar esta situación. Sobre todo porque ello se concentraba en los territorios helenizados de la costa, pues en la medida en que se avanzaba hacia el interior del país seguían imperando las seculares tradiciones de su pueblo.

Mientras, Ramoses conversaba animadammente con algunos de los lugareños con los que trabó de inmediato amistad, entretenido por las notas de una alegre melodía que tocaban un grupo de jóvenes músicos.

En tanto que esto ocurría, algunos campesinos y pescadores del lugar se acercaron a la tripulación para venderles panecillos, pescados, verduras, dátiles, dulces caseros, vino y otras golosinas, así como productos de su artesanía, lo que fue aceptado con júbilo por la mayoría de los marineros ya que no siempre podían disponer de alimentos frescos.

No bien amaneció, el Sumo Sacerdote y su fiel ayudante, después de realizar las abluciones y oraciones matinales correspondientes y agradecer a sus anfitriones todas las atenciones recibidas, se dirigieron a un sercano templo consagrado al dios Imhotep, para realizar ofrendas y sacrificios por la feliz culminación del viaje. .

En el interior del pequeño pero pintoresco templo, erigido en medio de una plantación de esbeltas palmas datileras, ramoses a la luz de dos grandes lámparas que ardían sobre trípodes de bronce, contempló admirado las bellas pinturas murales que representaban al dios sentado, con un rollo de papiro desplegado sobre sus rodillas y un casquete en la cabeza.

Maestro preguntó Ramoses que relación guarda esta divinidad con nuestro supremo y grandioso dios Ra.

Eso ya deberías saberlo Ramoses, contestó airado Manetón. En primer lugar, Imhotep es el patrono de la sabiduría y la medicina. Por lo que para mi es muy importante, no solo como dios sino como persona, ya que fue un destacado matemático y el constructor de la primera pirámide.

Fué arquitecto y médico de Dyeser, y Sumo Sacerdote de Heliópolis que alcanzó el rango de dios por sus propios méritos.

Además,hoy es venerado como patróno de los escribas; también es identificado con Nefertum, hijo de Ptah.

Cuando la capital se trasladó a Sais, fue plenamente deificado, haciéndole hijo de Ptah y Nut o Sejmet. También se le asoció a Thot

Los griegos lo identifican con Asclepios. Su culto está centrado en Menfis. También en Tebas.

Ramoses un poco abochornado por esta fraternal reprimenda bajó la cabeza y guardó silencio.

Finalizadas sus oraciones, se encaminaron hacia el embarcadero, en el que esperaban ansiosos por partir Nearco y Lisímaco.

Ya a bordo de la nave, el capitán dio la orden de levantar el ancla y la elegante Triemiolia impulsada con entusiasmo por sus musculosos remeros, atravesó fácilmente las tranquilas aguas del lago Mariotis en busca del canal que lo unía con la gran metrópoli de Alejandría, cuyos suburbios serían visibles después del mediodía.....

Mientras los marineros alegres cantaban:

Escúchame, Posidón que abrazas la tierra, de azulada cabellera , protector de los caballos, que sostienes en tus manos un tridente trabajado en bronce y habitas el fondo del mar de profundas oquedades, soberano marino que atruenas las aguas con ensordecedores ruidos, sacudidor de la tierra. Rebosante de olas, donante de alegrías, cuan­do impulsas tu cuadriga , agitando las saladas aguas y produciendo estrépito por el mar, tú, que obtuviste como tercer lote las profundas aguas del mar, gozando a un tiempo de las olas y de los seres que en ellas moran, dei­dad marina. Salva, te lo ruego, los cimientos de la tierra y el veloz curso de las naves, aportando paz, salud y una felicidad irreprochable.

Manetón movido por un presentimiento, dirigió su mirada hacia el cielo azul en el que brillaba un sol radiante y vio una docena de sagrados Ibis que graznando volaban hacia el norte en perfecta formación que recordaba la configuración del delta del Nilo, y pensó sonriendo que era una señal de buen augurio que le enviaba su dios.

* * * * * * * * * * * * * * * * *

Por favor, para un momento la lectura Leonardo, dijo Lucía a su nieto mayor. Les voy a servir un sabroso batido de fruta bomba que les dará nuevas energías para seguir conociendo las aventuras de Manetón.

Querida, esto no son aventuras como dices, sino historia, regañó cariñosamente Ignacio a su esposa. Manetón como sabes muy bien fue una figura real y su papel en el devenir de Egipto es muy destacado, como ya verán en lo ulterior.

Además la mayoría de las personalidades de mi relato también son verdaderas como lo son muchos de los hechos descritos en el mismo, aunque para hacer más amena la lectura, hemos introducido algunos personajes de ficción y situaciones que aunque no están documentados, pudieron tener lugar en la época de los primeros Ptolomeos.

Y por cierto, añadió, a mí no me sirvas batido que hace mucho frío, sino un café bien caliente. A lo que Lucía respondió riéndose, en seguida "faraón", sus órdenes serán cumplidas.

Bueno, dejando aparte las bromas de la abuela, dijo Ignacio mientras saboreaba su café, me gustaría conocer qué opinión tienen sobre el relato.

Me parece, argumentó Leonardo, que está muy bien fundamentado y que describe una época compleja, muy interesante y rica en sucesos, sobre la cual desgraciadamente no existen muchos documentos históricos fidedignos.

En cuanto a los personajes, por supuesto que me gusta mucho el de Manetón, por su profundidad en el análisis de los problemas, su integridad psicológica y los amplios conocimientos que parece poseer. Ahora bien abuelo, ya que hablamos de Manetón, en los primeros capítulos de alguna forma se subraya su admiración por Imhotep que unas veces se nos muestra como un gran arquitecto de la antigüedad y otras como una divinidad. ¿Esto es así?. ¿Quién realmente fué este Imhotep?.

Interesante pregunta, que creo tu abuela desea responder. Es cierto queridos nietos , dijo Lucía tomando la palabra: Imhotep fue el arquitecto real de Djeser, y el artífice del paso evolutivo que condujo a Egipto a las pirámides de Gizeh , a través de la Pirámide Escalonada. Pero no solo fué el arquitecto real, sino que fue el primer médico del mundo antiguo, escriba, sabio, poeta, astrólogo y Visir.

Se considera que Imhotep, o sea "el que llega en paz", pudo haber nacido en un barrio pobre de Menfis, de nombre Anjtw. De los pormenores de su vida, poco se ha conservado, si bien sabemos el nombre de sus supuestos padres, así como el de su consorte, nada está demasiado claro.

Su padre pudo haber sido Kanofer, un arquitecto, mientras que su madre, posiblemente originaria de Mendes, pudo haber sido la dama Jeduonj. Existe una mención a su posible consorte de nombre Ronfrenofret, pero nada de esto es seguro totalmente. De origen humilde, muy pronto ascendió a los más altos escalones de la vida, gracias a su inteligencia, sabiduría y sobre todo, por su forma de ver la existencia. Así, tenemos a un Imhotep que comienza como un hombre normal y corriente y termina como un dios que porta los cetros del poder y el anj de la vida

Tuvo en vida los títulos de "Canciller del Bajo Egipto", "El que está a la derecha del Rey", "El Intendente de la Gran Morada" o sea, el palacio real, "El Noble hereditario", Primer Profeta de Iunu (Heliópolis)", "Maestro de escultores", "Maestro de carpinteros", pero sobre todo, fue "Inspector de todo lo que el cielo trae".

Los días de Imhotep concluyenn con el final de la III Dinastía y el comienzo del Antiguo Imperio, pues falleció en el reinado de Huni, último monarca del llamado Período Dinástico. Aunque su tumba no ha sido encontrada, se cree que pudo haber sido sepultado en Saqqara.

La herencia que Imhotep deja tras de sí, no solo son las Grandes Pirámides , sino que es el despertar de un Egipto que nos sigue asombrando con sus realizaciones.

¡Ya ven que la abuela también es una experta en Egiptología!. Bueno, ¿cuál es tu opinión Sebastián?,preguntó Ignacio

A mí el personaje que más me atrae es el de Ramoses, ya que Manetón me parece que es un poco orgulloso y que deverdad se cree que es descendiente de los faraones.

Ramoses por el contrario, está más cerca de los pobres e incluso reflexiona sobre las desigualdades e injusticias existentes en su época, aunque se lamenta que los dioses no traten de resolverlas.

Te felicito Sebastián por esta profunda observación , subrayó Ignacio. No obstante , no estoy seguro que Ramoses se pudiera percatar de que la clase sacerdotal a la que pertenecía junto con Manetón, era precisamente uno de los mecanismos que contribuía a mantener el sistema social imperante.

Me gustó mucho también abuelo,continuó diciendo Sebastián, la escena del combate contra los hipopótamos, aunque hubiese preferido que en la narración se incluyera también algún enfrentamiento entre naves de guerra de aquella época, como en las películas sobre la antigua Roma.

No le hagas caso a este loco abuelo, expresó con tono burlón Leonardo. A él lo que le atrae siempre es que en las narraciones aparezcan monstruos, haya piratas y todas esas tonterías de los juegos de combate que tiene en la computadora.

¿Porqué me molestas tanto?. Siempre estás arriba de mi, protestó Sebastián. Bueno, bueno dijo Ignacio, no se peleen. En realidad Manetón es un filósofo, un religioso, un hombre de ciencias y no un militar. Pero ya he tomado en consideración tu sugerencia y tal vez más adelante pueda satisfacer tus deseos.

Y ahora, terminen de tomar el batido y sigan leyendo, pues el reloj va caminando y tienen que regresar temprano a casa.


CAPITULO IV

EL SUEÑO DE ALEJANDRO MAGNO


El divino Alejandro Magno relató un día en mi presencia a nuestro rey Ptolomeo I, que era para él como un hermano, cómo se inspiró para fundar la ciudad de Alejandría. Según decía, tuvo un sueño en el que se le apareció un anciano de cabellos muy blancos, similar a Homero que le rcitaba insistentemente cierto pasaje de la Odisea que reza:

"Hay una isla en el mar turbulento, delante de Egipto, que llaman Pharos..".

Cuando se levantó quiso ir a la isla y se dio cuenta de su situación privilegiada y más aún de que si por medio de un dique se la unía a la costa. Entonces mandó traer harina para marcar él mismo el enclave de la futura Alejandría, pues no se disponía del yeso con que solía hacerse y él mismo dibujó el círculo en forma de manto macedonio. No bien hubo terminado cuando empezaron a llegar desde el río y desde el mar unos pajarotes grandes que se dedicaron a comer toda la harina esparcida. Cuando vio lo que estaba ocurriendo, Alejandro se turbó muy preocupado pensando que se trataba de un mal augurio. Pero los adivinos supieron salir al paso y dijeron que su interpretación era de buen augurio y que el proceder de los pájaros pronosticaba que la ciudad sería tan rica y próspera que podría nutrir a todos los hombres de todas las razas.

Recuerdo muy bien que según Ptolomeo lo que más le gustó a Alejandro del emplazamiento elegido fue aquella isla, frente de la costa, Pharos, y que allí hubiera un templo dedicado a Proteo, el Dios de las transformaciones y la diversidad. Era un lugar perfecto decía, para construir una torre muy alta, que iluminase el mundo y señalase a los navegantes, que venían de los lejanos mercados de la India o de Siria, que allí se encontraba situado el mayor puerto de aquel mar que se ensanchaba, en un sueño de amplitud, de mestizajes y de encuentros entre las culturas.

Con este relato Nearco, el experimentado capitán de la nave, introdujo a sus pasajeros en los antecedentes de la fundación de la ciudad de Alejandría, a medida que el barco se iba acercando poco a poco a los muelles.

Manetón y Ramoses recostados en la borda de la embarcación, aspiraban el aire cargado de olores exóticos que les llegaba desde el mar mientras contemplaban con mucha atención las suntuosas villas de recreo emplazadas cerca de la orilla del canal que desfilaban ante sus ojos y las bellas edificaciones de la ciudad que se iban perfilando en el horizonte.

Fuese cierta o no la visión del referido sueño, continuó Nearco, la realidad es que en el año 332 a.C, Egipto estaba aún bajo la dominación persa. Pero ese mismo año, Alejandro Magno entró triunfalmente en Menfis como vencedor de las fuerzas del rey persa Darío III. Todo comenzó en septiembre del 332 a.C. Alejandro había ocupado la ciudad de Tiro, gran centro de la flota naval persa, y la delegación egipcia en dicha ciudad le pidió ayuda para expulsar a los persas de Egipto. De manera que, Alejandro se hizo con Gaza y entró en Egipto por el puerto de Pelusio, donde reunió a su flota y march´ó contra el gobernador de Egipto, el sátrapa persa Mazakes. Pero en la fortaleza fronteriza de este lugar, el sátrapa sin oponer resistencia, salió a su encuentro para entregarle el poder y el tesoro de sus arcas, unos 800 talentos.

Luego Alejandro prosiguió su avance al frente de su ejército hasta la ciudad de Menfis, la capital tradicional del Bajo Egipto, donde hizo su entrada triunfal aclamado por las gentes y de inmediato fue nombrado faraón, lo que le confería rango de divinidad de acuerdo con la tradición egipcia.

Ello no tiene nada de extraño, pues como ustedes saben, la última dominación persa fue para los egipcios sumamente represiva y sacrílega.

Es de señalar que Alejandro quiso mantener siempre esta primera impresión favorable, que además le convenía, y respetó la religión y costumbres locales. Así por ejemplo, en Menfis, Alejandro se cuidó de mostrar su veneración a los dioses egipcios, rindiendo honores a Apis, el toro sagrado.

Hay que recordar además,subrayó Nearco , que en Egipto había desde mucho tiempo atrás gran cantidad de colonias griegas y que, por lo tanto, no eran gentes consideradas por vuestro pueblo como extranjeras.

Pero el nuevo faraón no permaneció muchos días en Menfis. De la capital se dirigió hacia el norte siguiendo el brazo occidental del Nilo hasta el puerto de Canopo, y desde allí progresó por la costa mediterránea hasta llegar en abril del 331 a.C a un lugar del delta del Nilo, en el que fundó la ciudad que lleva su nombre, sobre el poblado llamado Rakotis, habitado por un puñado de pescadores.

En mi opinión, exprresó Nearco, La elección del emplazamiento por Alejandro fue muy afortunada, pues estaba al abrigo de las variaciones que pudiera tener el río y, por otro lado, lo suficientemente cerca de su curso como para que pudiesen llegar a través de sus aguas las mercancías destinadas al puerto.

La localización elegida estaba frente a la meencionada isla de Pharos que, con el tiempo y las múltiples mejoras emprendidas, quedaría unida por un largo dique a la ciudad de Alejandrría. El arquitecto que realizó esta obra se llamaba Dinócrates de Rodas. El dique tiene una longitud de 7 estadios(185 m cada estadio), por lo que se le llama Heptastadio.

Volviendo a mi relato,debo referir que mientras los obreros se afanaban en construir los primeros edificios de la ciudad, Alejandro de repente decidió emprender la marcha hacia el oeste.

En la primavera del 331 a.C partió con su escolta a una expedición de 220 kilométros por el desierto guiado por nativos egipcios, con el propósito de visitar el santuario del dios Amón en el oasis de Siwa y consultar su oráculo. Este dios se identificaba con Zeus, consolidando una equiparación hecha por los griegos por primera vez durante la Dinastía XI.

Se trataba, de una expedición muy peligrosa, pues conllevaba internarse por una gran extensión desértica hasta alcanzar el oasis, que estaba a casi quinientos kilómetros de distancia del valle del Nilo. De hecho, se decía que en el intento de alcanzarlo, el gran ejército del rey persa Cambises se había perdido, sepultado bajo las implacables arenas.

Según cuentan , una extraña lluvia y tempestad sorprendió a la comitiva de Alejandro en el desierto, y borró el camino a seguir. En ese momento, le fue enviado unos cuervos, o unas serpientes, a los que siguieron hasta llegar al santuario de Amón.

Allí penetró solo, en su condición de rey o faraón de Egipto. Luego se mostró muy satisfecho de su visita, pero guardó un total silencio sobre lo que le fue revelado. No tardaron en correr diversas versiones sobre la consulta. Se decía que había preguntado si reinaría sobre toda la tierra y si los asesinos de su padre, víctima de una conspiración de palacio, habían recibido su justo castigo. El sacerdote respondió que reinaría sobre un imperio y que Filipo sí había quedado vengado. Pero lo más importante fue la declaración del oráculo de que Alejandro no era hijo de Filipo, sino del gran dios Amón, aquel al que los griegos identificaban con Zeus.

Al respecto, dijo Nearco, se cuenta también un relato, que refiere que Alejandro fue concebido por la unión de Olimpia, su madre, con el faraón Nectanebo que habría llegado exiliado a Macedonia en la forma del dios Amón. Un hecho que justificaba que Alejandro fuera rey de Egipto, como hijo del último faraón, pero lo que es más importante el derecho al trono quedaba unido legítimamente a su heredero Ptolomeo, ya que era el sucesor legal del hijo de Amón-Zeus y del ultimo faraón egipcio.

Desde entonces, nuestro invencible monarca se presentó como hijo del gran dios y mantuvo a lo largo de los años una veneración especial hacia Amón, al que dedicó muchos sacrificios.

Manetón conocía perfectamente estas historias, ya que no había ningún rincón de Egipto en que no se hubiesen escuchado. Si estos relatos fuesen ciertos, sonrió mentalmente, él staría emparentado directamente, por línea paterna con el Gran Alejandro Magno y en cierta forma, tendría derecho a reclamar el trono real de Egipto, pero guardó un respetuoso silencio, pues aunque consideraba que en el fondo la mayoría de estas narraciones eran una hábil maniobra propagandística del gran Alejandro, sentía por él una verdadera admiración no tanto porque fuese un gran conquistador, sino porque había tratado de unificar las civilizaciones de Oriente y de Grecia, para crear un mundo mejor para la humanidad.

Unificar las civilizaciones y las culturas. Esa era la clave de la cuestión, pensó el Sumo Sacerdote. Si ello se alcanzaba, se podrían eliminar las guerras de rapiña y tal vez, lograr de paso lo que la suprema deidad le había revelado: que sólo debía haber un dios en el cielo y un único pueblo sobre la tierra a su servicio, conformado por todas las nacionalidades que la habitaban.

Mientras así reflexionaba, Nearco narraba que tras regresar de Siwa, Alejandro permaneció en Menfis el 331 A. C organizando administrativamente Egipto. Puso a egipcios nativos en la mayoría de cargos políticos pero a un griego, Cleómenes de Naucratis, al frente de las finanzas.

Después partió a la conquista del resto del Imperio persa, de donde no regresaría vivo.

Volviendo a lo de la construcción del dique, puntualizó Nearco, ello dio lugar a dos puertos que se daban la espalda. Es de señalar que el Gran puerto, hacia el este, es el más importante.

En los amplios muelles del Gran puerto atracan hoy barcos que han surcado el Mediterráneo y el Atlántico. Traen mercancías de todo tipo: lingotes de bronce de Hispania, barras de estaño de Bretaña, algodón de las Indias, seda de China.

A la altura de esta parte de su explicación, Nearco se vió obligado a interrumpirla, ya que la nave se encontraba muy cerca del embarcadero y era recibida con júbilo por las personas que allí estaban. Como luego pudo averiguar Ramoses, desde hacía un largo rato que se esperaba con impaciencia el arribo de la misma, pues al parecer, a medida que se desplazaba por el canal que unía el lago Mariotis con la ciudad, veloces mensajeros habían traído al galope de sus fogosos caballos, la noticia de que la Triemiolia se acercaba al Puerto del Mareotis, el Portus Limmoeus, en el que se centraba el tráfico con el Nilo y estaba la magnífica flota de placer de Ptolomeo I, compuesta por varias lujosas galeras.

Bajo las expertas indicaciones de Nearco y la sabia conducción del piloto, la nave con los remos recogidos, se fue acercándo lentamente al muelle, atracando con extremada suavidad, maniobra que demostraba la pericia de su tripulación.

No bien arribaron al embarcadero nuestros viajeros, después de agradecer a Nearco su hospitalidad y entregarle como recuerdo un artístico medallón con el símbolo del dios Ra, tallado en lapislázuli, desembarcaron en un área de muelles atestados de mercancías, en los cuales decenas de trirremes, cuatrirremes, quinquirremes y embarcaciones de cargas se encontraban fondeados , siendo recibidos por un alto funcionario del faraón Ptolomeo I que los saludó con gran cortesía, ofreciéndole a Manetón la posibilidad de transportarse en una cómoda litera con mullidos almohadones, llevada en andas por fornidos esclavos nubios, a los efectos de que pudiese contemplar a sus anchas la ciudad.

De esta forma, la comitiva escoltada por los lanceros, se encaminó, a través de una de las más bellas e importantes calzadas de la ciudad hacia el Brucheion, el distrito real.

Ramoses observaba con curiosidad el ruidoso mercado que se levantaba a ambos lados de la vía que llevaba al palacio del faraón, en el que cientos de comerciantes de todas partes del desierto e incluso de lejanas tierras más allá del mar ofrecían sus mercancías a los transeúntes.

Mientras avanzaban abriéndose paso entre la abigarrada multitud, Lisímaco que caminaba al lado de la litera de Manetón acompañado de Ramoses, aprovechó la oportunidad para referirle a ambos que por regla general ,en la fundación de una ciudad Alejandro establecía una guarnición macedonia con representantes de la población autóctona, además del mayor número posible de griegos: en Alejandría la población originaria de Rakotis y los pueblos adyacentes y la población griega de los asentamientos helenos de Náucratis y Menfis contenían estos elementos.

Ptolomeo, explicó Lisímaco, trasladó su residencia y la administración del país a Alejandría en el año 320 a. C, convirtiéndose en la auténtica capital de Egipto.
La repentina muerte de Alejandro supuso la división de su imperio entre sus generales, que se convirtieron en sátrapas o gobernadores hasta que en el 305 a.C se proclamaron reyes de sus respectivas provincias.

Cerca ya de su destino, los viajeros divisaron un lujoso palacio de mármol con un extenso y exhuberante jardín, en el que había muchas fuentes y estatuas. Al otro lado, se levantaba un edificio también de mármol, de singular apariencia, cerca del cual, se estaba amplianndo una monumental construcción de estilo griego, que al parecer, no tenía una finalidad religiosa sino para alguna otra destinación.

Manetón le preguntó a Lisímaco que edificios eran éstos y cuál era el propósito de esa construcción y éste le contestó que el primero era el palacio real hacia donde se dirigían y que el Gran Faraón Ptolomeo I estaba ampliando la grandiosa biblioteca que según el era la más famosa del mundo no sólo por el tamaño de su edificio, sino por la cantidad y calidad de las obras que en ella se reunían. Incluso ya se adoptaban medidas para enriquecer los fondos del Rey con nuevos papiros, pergaminos y otros valiosos documentos de diferentes partes del mundo. Anexo a estas construcciones, el otro edificio que se ve y que al parecer está unido al primero, o forma parte de éste, se llama el Museion que es un centro especial creado por el faraón para reunir celebridades del mundo de la ciencias, las artes y la filosofía.

Cerca de est edificio, se levanta también el templo de Serapis, el nuevo dios greco-egipcio de la ciudad.

Manetón que conocía bien de la existencia de estas instituciones, se prometió que en la primera oportunidad que tuviera, trataría de averiguar más sobre la actividad de las mismas.

A cada paso, se veían además, magníficos edificios del más puro estilo griego y también algunos de corte egipcio, así como nuevas construcciones que se levantaban por doquier, lo que evidenciaba un indiscutible rápido desarrollo de la economía de la ciudad que se traslucía, por voluntad del faraón, en obras que embellecían la nueva capital.

Por el camino hacia el Palacio Real, Manetón expresó a Lisímaco que se había percatado de que las calles de la ciudad estaban muy bien trazadas, desde el punto de vista urbanístico, y que le hubiese gustado conocer al arquitecto que se había encargado de hacer los planos correspondientes.

Me alegro que se haya dado cuenta de ello, dijo Lisímaco, el ya mencionado arquitecto Dinócrates se ocupó también del trazado de la ciudad y lo hizo según un plan hipodámico, sistema que se venía utilizando desde el siglo V A. C: una gran plaza, una calle mayor de treinta metros de anchura y seis kilómetros de largo que atravesaba la ciudad, con calles paralelas y perpendiculares, cruzándose siempre en ángulo recto.

Se construyeron barrios, las calles tienen conducciones de agua por cañerías. Administrativamente la ciudad está dividida en cinco distritos, cada uno de los cuales lleva como primer apelativo una de las cinco primeras letras del alfabeto griego. En el centro de la ciudad, se hallan la Asamblea, las plazas, los mercados, los gimnasios, los baños y las basílicas.

Aunque Alejandría es ahora la capital del país, sin embargo, su estatus político, característico de ciudad griega, es autónomo y la metrópoli se considera jurídicamente, gracias a nuestro gran rey Ptolomeo I, parte yuxtapuesta, no integrante, del reino de Egipto.

Como creo le expliqué durante nuestra entrevista en el templo de Heliópolis, esta urbe con el nuevo faraón, se ha ido convirtiendo en una de las ciudades más importantes del mundo. En particular, es hoy ya uno de los mayores núcleos científicos y culturales de la región.

Manetón en su yo interno consideró el planteamiento del macedonio como algo pretencioso, pues por importante que fueran los logros de Alejandría, acaso podían compararse con la milenaria historia de su país, así como la belleza de sus monumentos y templos, por no hablar de los grandes éxitos obtenidos en el desarrollo de la matemática, la astronomía, la arquitectura, la medicina y otras tantas ciencias.

Ramoses entre tanto, no pudiendo quedarse callado tanto tiempo señaló que observaba que había personas por las calles de diferentes nacionalidades y procedencias.

Tienes razón Ramoses, respondió Lisímaco, los habitantes de esta magnífica ciudad son en su mayoría griegos de todas las procedencias. También hay una colonia judía y un barrio egipcio de pescadores,aunque no dijo que era el más pobre y abandonado de la gran urbe.

A su llegada al Palacio Real, la comitiva fue recibida en la espléndida escalinata central que ascendía hasta el vistoso pórtico, por Demetrio de Falero, conocido erudito griego que había sido durante 10 años Tirano de Atenas, hasta su exilio en el 307 A.C y se consideraba en el mundo helénico un experto en la literatura la filosofía y las ciencias de la época.

La entrada del palacio custodiada por soldados macedonios armados de pies a cabeza, tenía las sólidas puertas de bronce abiertas de par en par y en su amplio vestíbulo, un nutrido grupo de esclavos y sirvientes saludaban a los huéspedes egipcios con hojas de palmas en las manos, así como haciendo llover sobre los mismos innumerables pétalos de rosas.

Demetrio después de presentarse, en nombre del faraón le dio la más cordial bienvenida a Manetón y su acompañante y luego de interesarse por las incidencias del viaje, los invitó a pasar de inmediato a los aposentos que se les destinaban, a los efectos de que pudieran descansar y se prepararan para su entrevista con el rey la que según explicó, debería producirse en las próximas horas.

Antes que el Sumo Sacerdote pudiera marcharse, Demetrio de Falero le dijo que si no tenía objeciones, deseaba sostener con él esa noche una conversación durante la cena que se organizaba en su honor, para brindarles algunas informaciones sobre su estancia en Alejandría, invitación que Manetón aceptó de inmediato.

Luego Demetrio le solicitó a Lisímaco que como buen conocedor del palacio que era, acompañase a los huéspedes a sus habitaciones, en las que si lo deseaban podrían tomar un reconfortante baño y recibir los servicios de los criados y esclavos que el faraón había destinado para ellos.

Una vez en las habitaciones que eran amplias y bien amuebladas, Lisímaco antes de despedirse, le dijo a Manetón: debe saber Pontífice que el padre de Demetrio de Falero, Fanostrato, fue esclavo de Timoteo y de Conón, así que no es de origen noble. A pesar de ello, goza del favor de Ptolomeo I y ejerce una gran influencia sobre el rey.

El faraón le encargó la organización de la biblioteca universal, donde se recoje todo el saber existente. Demetrio es discípulo de la Escuela Peripatética, y se ha vuelto un personaje clave para el proyecto cultural de Ptolomeo. Demetrio llegó a Egipto tras una estancia en la griega Tebas. A su arribo a Alejandría se convirtió en consejero del Rey, a quien aconsejó la lectura de libros sobre el arte del buen gobierno y asesoró en asuntos de legislación.

Se dice además, que fue él quien recomendó la creación de un gran centro de estudios, el Museion que vimos por el camino.

Y aunque al príncipe heredero Ptolomeo no le cae nada bien, hasta ahora sigue siendo el más poderoso de los consejeros del faraón. Así que recomiendo ganar su confianza, para el buen desarrollo de la misión que le asignará nuestro monarca.

Manetón agradeció a Lisímaco por sus valiosos consejos, y antes de acudir a la invitación de Demetrio, tomó un refrescante baño en una piscina que existía contigua a sus habitaciones en la que se podía disfrutar de agua tibia, caliente y fría, en diferentes compartimientos, así como de los servicios de expertos masajistas.

Ramoses por su parte, después de acomodar las pertenencias de su maestro y las suyas propias, se dedicó a inspeccionar los aposentos, comprobando que los lechos eran cómodos, tal vez incluso demasiado blandos para su austero gusto, que todas las lámparas se encontraban cargadas con perfumado aceyte y que en una de las paredes de la habitación del Sumo Sacerdote colgaba una versión griega perfeccionada de la clepsidra egipcia, ingenioso mecanismo para marcar el tiempo, mediante el desplazamiento del agua de un recipiente a otro que poseía. Y que sustituía eficazmente por las noches las funciones del reloj de sol.

Apenas se puso el astro rey, vinieron a buscar a Manetón dos edecanes que lo acompañaron junto con Ramoses hasta una lujosa y acogedora sala en la que ya se encontraba el erudito griego esperando. Demetrio Invitó a sentarse a sus huéspedes y les informó que prefería que la cena se desarrollase en privado lo que les permitiría conversar sobre diversos temas de interés general .

Acomodados en típicas banquetas griegas, Demetrio le informó al Pontífice que la entrevista con el faraón Ptolomeo I tendría lugar al otro día por la tarde,a la decimosexta hora, por lo que disponía de la mañana para poder visitar el lugar de la ciudad que le interesara. Manetón de inmediato le expresó a su anfitrión que quería si era posible conocer las instalaciones del Museion y de la Biblioteca que se estaba ampliando y que de ser factible se le explicase el proyecto que existía en cuanto a los mismos.

Demetrio sonrió con picardía y le dijo a Manetón: no se preocupe gran sacerdote, todos conocemos aquí vuestro interés por la ciencia y la cultura y precisamente por ello, nuestro poderoso faraón le piensa encomendar a usted una delicada pero muy importante tarea.

En cuanto a lo que me solicita, mañana temprano después de que desayunemos iremos a dar un paseo por las instalaciones del Museion que por suerte están anexas a los jardines de este palacio.

A modo de presentación, y para completar los no muy amistosos datos que me imagino le habrá proporcionado Lisímaco sobre mi humilde persona, me gustaría informarle que me eduqué en el Liceo de Aristóteles con Teofrasto y he sido amigo de Menandro, el comediógrafo. A causa de la muerte de Foción, tuve que ausentarme de Atenas hasta que las cosas se calmaron.

Es cierto que goberné Atenas durante el periodo 317-307 a. C, hasta que me expulsaron cuando en 307 a. C la escuadra del bandido de Demetrio Poliorcetes tomó Atenas, refugiándome primero en Tebas y después al lado de Casandro de Macedonia, para al fin terminar aquí en Egipto. Mi única culpa, ha sido luchar siempre por mantener la paz y desarrollar la economía, las ciencias y la cultura, en contra de la opinión de algunos oligarcas que prefieren la guerra como medio de enriquecerse rápidamente.

Ahora si fuese de su agrado, me gustaría conocer algo sobre las características de la divinidad a la que sirve y que tengo entendido que es el gran dios Ra. ¿No es así?. Manetón contestó dándole una explicación sobre el alcance y contenido de la religión egipcia, los puntos en que tenía contacto con las creencias griegas y la importancia del dios Ra en el panteón de su país.

En tanto se desarrollaba esta conversación, a la sala penetró silenciosamente un grupo de hermosas esclavas de varias nacionalidades, apenas vestidas por túnicas de blanco y transparente lino, que traían en sus manos diversas bandejas con exquisitos platos artísticamente preparados con frutas y legumbres frescas, panecillos recién horneados, quesos, aceitunas, dátiles i diversos productos cárnicos de la tierra y el mar. Entre los mismos se veían, apetitosas codornices asadas, ostras, suculentos mariscos y pescados, así como perfumadas cráteras llenas de exóticos vinos de Lesbos y Rodas que sirvieron en los kilix , o sea copas de plata finamente elaboradas dignas de un sátrapa o un rey.

Mientras Demetrio y Manetón conversaban, Ramoses contemplaba embelesado los gráciles movimientos de las bellas esclavas que le recordaba los de las frágiles y seductoras bailarinas fenicias que una vez había visto danzar en el templo de la diosa Astarté en Tebas, visión que no duró mucho ya que las esclavas , a una señal de Demetrio salieron apresuradas del salón.

Concluida la exposición de Manetón Demetrio le agradeció su gentileza y lo invitó a probar los platos que habían servido, luego de lo cual mientras hacía una libación por Dionisio y por la salud del faraón, le preguntó si quería recibir alguna información particular sobre Alejandría, su desarrollo y los procesos que se venían llevando a cabo por el gran Ptolomeo I para impulsar las transformaciones planificadas en esa ciudad y en todo Egipto.

El Sumo Sacerdote expresó que prefería primero conocer algo sobre la biografía del monarca, pues aunque sabía algunos pormenores sobre la trayectoria del general macedonio y Lisímaco le había informado algo, deseaba profundizar en los mismos, ya que ello lo ayudaría para su crucial entrevista con el rey.

La biografía de nuestro gran faraón es muy interesante, dijo Demetrio después de ingerir un delicioso pastelillo y tomar un sorbo de vino, así que trataré de exponerla de la forma más amena y sucinta posible.

Continuará...