EL SIRACUSIA: UN GIGANTE HELENÍSTICO DE LOS MARES.
Lic. Miguel Angel García Alzugaray

El Siracusia fue considerado en su época como el mayor barco de la historia. tenía tres puentes, 66 metros de eslora y 15 metros de manga y una capacidad de carga de entre 1700 y 2000 toneladas. Fue diseñado por Arquímedes en el año de la 135ª olimpiada (236 a. C). y construido por Arquías de Corinto bajo las órdenes del tirano Hierón II, siendo botado al agua 5 años más tarde o sea, en el (231 a.C).

Ptolomeo III de Egipto al recibirlo como presente de manos del rey siracusiano, declaró que pensaba renombrarlo como "Alexandría".

La gigantesca embarcación estaba diseñada con todo tipo de lujos para acomodar a 600 personas. Contaba con elementos únicos en un navío: un gimnasio, jardines, una biblioteca y anexa una sala de lectura con forma de reloj de sol, unas termas, un comedor y un santuario dedicado a Afrodita Pontia -la versión marítima de la diosa-. Lujos al alcance de muy pocos, pues estos lugares se adornaban con estatuas, pinturas, artesonados en techos y ricas molduras en puertas y paredes. El santuario de Afrodita estaba adornado con maderas preciosas y gemas.

Dado que una nave de esta envergadura dejaba pasar grandes cantidades de agua a través del casco, el tornillo de Arquímedes era utilizado a fin de extraer el agua de la sentina. Esta máquina es un mecanismo con una hoja con forma de tornillo dentro de un cilindro. Se hace girar a mano, y también puede utilizarse para transferir agua desde masas de aguas bajas a canales de irrigación.

En lo relativo a los problemas que se afrontaron en el diseño y construcción de la nave podemos resaltar los esfuerzos realizados para proteger a la nave de los parásitos marinos, incluyendo la cobertura de la quilla con brea y crin de caballo, lo cual es el primer ejemplo de una tecnología diseñada para evitar la acumulación de organismos, en lugar de en su eliminación posterior.

Además de las instalaciones consignadas, el buque poseía varios salones en los cuales se podían organizar fastuosos banquetes, lujosos camarotes individuales y de tamaño familiar acondicionados con todas las comodidades que incluían baños con aguas termales. Inmensas bodegas en las cuales se podía almacenar suficientes reservas de agua y alimentos para largas travesías. En particular tenía un contenedor con agua salada, morada de multitud de caros y apetitosos peces que hacían las delicias de los comensales a bordo del navío.

Antes de partir, el rey Hierón II dispuso que el barco fuera cargado con abundantes mercancías, obsequios para el faraón macedónico: 60.000 medidas de grano, 10.000 ánforas de pescado en escabeche, 20.000 talentos de lana y otros 20.000 de mercancías diversas. Una fortuna digna de un reino.

En el caso en que el navío se dispusiera para la guerra en su cubierta se podían instalar todo tipo de máquinas bélicas, entre ellas catapultas de diferentes calibres, mecanismos para el lanzamiento del fuego griego, así como otros artefactos de guerra como las balistas de múltiples tiros diseñados por el ilustre ingeniero Arquímedes, capaces de lanzar decenas de proyectiles en ráfagas a grandes distancias.

En su viaje inagural, Arquímedes dispuso en la cubierta del navío ocho torres con estos armamentos . Además, tenía capacidad para llevar a 400 soldados entrenados tanto en la disciplina militar como marinera, pues se trataba de su tripulación, situados en el primer puente. Incluso podía llevar a 20 caballos.

Y como no podía ser menos el ingenio de este sabio, a lo largo del Syracusia se encontraban dispuestos unos panales defensivos que impedían a otros barcos atacar con eficacia con sus espolones. Además de disponer de varios ganchos que ejecutados por medio de poleas podían escorar los barcos enemigos o atrapar a un adversario y arrojarlo al mar con fuerza. En sus botavaras -palos horizontales que sobresalen en los mástiles- se izaban panales de fino cuero que protegía a la marinería de las flechas enemigas.

Cuando no soplaba el viento en sus enormes velas, una formidable dotación de marineros y esclavos hacían accionar 300 remos por cada banda impulsando el navío a gran velocidad, lo cual era posibilitado por el diseño de su proa que cortaba con facilidad las olas del mar.

Para gobernar la nave, Arquímedes diseñó un sistema de timones que mediante cadenas de transmisión se gobernaba desde la proa o desde el puente según fuera necesario, logrando una gran precisión en el cambio del rumbo durante la navegación. Lo más asombroso era que para accionar la palanca que movía los timones no se necesitaba un gran esfuerzo físico, pues la presión que imprimían los brazos del piloto al mecanismo se complementaban con una serie de contrapesos ocultos en la bodega que accionaban de forma automática el timón, según fuese el ángulo de la dirección.

En resumen, esta nave no tuvo similar en los anales de la navegación de su época por lo que pasó a la historia como una de las obras más formidables de la ingeniería naval.

FIN