LA RIVALIDAD EN EL MAR: GRIEGOS Y FENICIOS
Lic. Miguel Angel García Alzugaray

Los egipcios nunca fueron un pueblo navegante. Defendían sus tierras, pero no competían con los griegos en el mar ni enviaban colonizadores al exterior.

Pero no ocurría lo mismo con otro pueblo mediterráneo. Las tierras bañadas por la parte más oriental del mar estaban habitadas por descendientes del pueblo llamado cananeos. Tenían una antigua experiencia en la navegación y sus barcos penetraban en lo desconocido aún más audazmente que los de los griegos.

En tiempo de los griegos, la ciudad principal de esas costas orientales era llamada «Sur» (roca) por sus habitantes, porque había sido construida originalmente, por el 1450 a. C, en una isla rocosa cercana a la costa. La forma griega de ese nombre nos ha llegado como «Tiro».

La mayor fuente de prosperidad de Tiro la constituían sus tinturas. Obtenían una tintura rojo-purpúrea de un marisco de sus costas mediante un procedimiento que mantuvieron secreto. En aquellos días, las buenas tinturas, que no se desleían o borraban, eran muy escasas, y esta «púrpura tiria», como aún se le llama, era muy codiciada. Los mercaderes tirios pedían buenos precios por ella y prosperaban.

Cuando los griegos encontraron por primera vez a los mercaderes y navegantes de Tiro, quedaron impresionados por las coloridas ropas que usaban. Por ello, los llamaron «fenicios», voz derivada de una palabra que significaba «rojo sangre», y a la tierra de los tirios la llamaron «Fenicia».

Los fenicios figuran en las leyendas griegas. Según esas leyendas, el antiguo rey de Creta, Minos, era hijo de la princesa fenicia Europa. Se creía que el hermano de Europa, Cadmo, había llegado a las tierras continentales de Grecia y había fundado la ciudad de Tebas. Esto bien podría ser el eco de incursiones fenicias en tiempos micénicos.

Los fenicios se establecieron en la isla de Chipre, que está a sólo 320 kilómetros al noroeste de Tiro, durante el agitado período que siguió a las invasiones dorias. Los griegos ya se habían establecido allí en época micénica, y durante todos los tiempos helénicos hubo en Chipre ciudades griegas y fenicias (a menudo en conflicto unas con otras).

Los fenicios no sólo cerraron el extremo oriental del Mediterráneo a la colonización griega, sino también el extremo occidental.

Ya antes de que comenzara la gran oleada de colonización griega, los colonizadores fenicios habían desembarcado en la costa sur del Mediterráneo, a unos 1.500 kilómetros al oeste del Nilo. Fundaron dos ciudades, la primera de las cuales era conocida por los romanos de siglos posteriores como Útica y la segunda, fundada en 814 a. C., como Cartago.

Cartago prosperó. Se hizo soberana de toda la costa y, en verdad, llegó a ser mucho más poderosa que Tiro. Durante un largo período, fue la ciudad más grande y más rica del Mediterráneo occidental y ningún barco podía entrar en esa parte del mar sin permiso de Cartago.

Más aún, Cartago comenzó a establecer zonas de dominación, en competencia directa con los griegos. La ciudad está separada del extremo occidental de Sicilia por sólo 150 kilómetros de mar. No cabe sorprenderse, pues, de que los cartagineses se desplazaron a Sicilia occidental, como los griegos habían ocupado la parte oriental de la isla.

A lo largo de todos los tiempos helénicos, los cartagineses y los griegos se combatieron hasta llegar a un estancamiento. Ninguno de los pueblos pudo nunca expulsar totalmente de la isla al otro, aunque uno y otro estuvieron a punto de conseguirlo a veces.

Los focenses, que se habían establecido en Massalia, tomaron la delantera en el intento de colonizar las islas DE Córcega y Cerdeña, por el 550 a. C. Pero alrededor del 540 a. C., los etruscos, en alianza con los cartagineses, derrotaron a la flota focense en una batalla naval que se libró cerca de Cerdeña. Fue un desastre para los colonizadores griegos, quienes fueron muertos o expulsados de la isla. Cartago se apoderó de Cerdeña, mientras que Córcega cayó en manos de los etruscos.

Esa batalla marcó el fin de la Edad de la Colonización griega. Las zonas disponibles para la colonización habían sido ocupadas y los griegos ya no pudieron seguir expandiéndose.