LA TITANOMAQUIA: ¿BATALLA CÓSMICA O GUERRA GENERACIONAL?
Lic. Miguel Angel García Alzugaray

La palabra griega titán se ha relacionado en todo caso con el verbo titainein (ejercer una fuerza o una tensión). Según la cosmogonía hesiódica los titanes son una de las generaciones de deidades nacidas de la primera pareja generatriz, que son Urano y Gea, de modo que Urano y Gea no son titanes. Sí lo son un grupo de sus hijos, por ejemplo Crono y Rea, que son los padres de Zeus y sus hermanos Hades y Poseidón. Los titanes, relacionados con las fuerzas cósmicas y los astros, parece que en la tradición previa a Hesíodo, vinculada sin duda a mitos mesopotámicos, son los guardianes de las potencias planetarias o astrales y representan a las fuerzas que las sostienen, mientras los Gigantes o Hecatónquiros representan las fuerzas telúricas destructivas, las fuerzas catastróficas encerradas en la Tierra. Aunque los titanes se multiplican en el mundo griego, parece que en origen eran 7 parejas (siete titanes y siete titánides), aunque en Hesíodo los titanes de primera generación quedan reducidos a 6 titanes y 6 titánides. Dentro de la tradición hesiódica, los titanes de primera generación están más vinculados a puros principios abstractos o fuerzas (la inteligencia, la luz, el mar, el tiempo...), mientras entre los titanes de segunda generación están los más vinculados a astros concretos.

De todos los poemas que circulaban en la antigua Grecia sobre este mítico episodio, tan sólo ha llegado hasta nosotros el que aparece en la "Teogonía" de Hesíodo. Un poema épico perdido titulado Titanomaquia y atribuido al aedo ciego tracio Tamiris, a su vez un personaje legendario, era mencionado de pasada en el ensayo Sobre la música una vez atribuido a Plutarco. Los Titanes también jugaban un papel prominente en los poemas atribuidos a Orfeo. Aunque sólo se conservan fragmentos de los relatos órficos, revelan interesantes diferencias con la tradición hesíodica.

Se dice que esta terrible guerra comenzó cuando el titán de más corta edad, Cronos, derrocó a su propio padre Urano (el máximo gobernante del Universo) con la ayuda inestimable de su madre Gea. Crono castraría a su padre, se apoderaría de su trono y liberaría a sus hermanos, los Titanes, que habían sido encerrados por su progenitor en el Tártaro.

Pero Crono se convirtió en el terrible rey que su padre Urano había sido, y se tragaba enteros a sus hijos a medida que nacían de su esposa y hermana Rea. Sin embargo, según una leyenda arcadia recogida por el geógrafo griego Pausanias en suDescripción de Grecia, Rea logró esconder a sus hijos quinto y sexto, Poseidón y Zeus, diciendo a Crono que había dado a luz un caballo, y le dio un potro para que se lo comiera en lugar de Poseidón, y en lugar de Zeus le entregó una piedra envuelta en pañales.[2]

Rea llevó a Zeus a una cueva en la isla de Creta, donde éste fue criado por los Curetes y las ninfas Adrastea e Ida. Cuando Zeus se hizo mayor, Metis dio a Crono una poción especial, que provocó que éste vomitara a los hijos que se había tragado. Zeus los llevó entonces a la rebelión contra los Titanes.

En realidad no sabemos qué tipo de φάρμακον, "fármaco", administró Zeus a Crono. Hoy en día no tiene nada que ver con su significado original. En un principio era un nombre genérico aplicado a cualquier planta medicinal; de ahí pasó a denominar una sustancia por la que se modifica la naturaleza de un cuerpo, perjudicial o saludable y también "veneno". Aquí lo podríamos traducir por emético "aquello que sirve para vomitar" de μετικός del verbo μέω "vomitar". Pero si lo hiciéramos así cambiaríamos un poco el significado porque en realidda no quiere expresar solamente eso.

Entonces los Olímpicos, guiados por Zeus, declararon la guerra a la anterior generación de deidades, los Titanes. Estos incluían a Hestia, Hera, Deméter, Hadesy Poseidón; e incluso a la titánide Hecate.Probablemente Estigia y sus hijos también lucharon en el bando de los Olímpicos. Además, los Hecatónquiros y losCíclopes, que habían sido encarcelados por Crono, ayudaron a los Olímpicos. Se decía que los Hecatónquiros ayudaron a los Olímpicos arrojando enormes piedras a los Titanes, de cien en cien. Los Cíclopes ayudaron fabricando las famosas armas de Zeus, los rayos, el tridente de Poseidón y el casco de invisibilidad de Hades.Los Titanes, encabezados por Crono, incluían a Ceo, Crío, Hiperión, Jápeto, Atlas y Menecio.

Habiendo logrado por fin la victoria tras toda una década de guerra, los Olímpicos dividieron el botín entre ellos, otorgando el dominio del cielo a Zeus, el del mar a Poseidón, y el del inframundo a Hades. Procedieron entonces a encerrar a los derrotados Titanes en el Tártaro, las más hondas profundidades del inframundo. Sin embargo, dado que durante la guerra Océano y las Titánides Tea, Rea, Temis, Mnemósine, Febe y Tetis, habían permanecido neutrales, no fueron castigadas por Zeus. Algunos otros titanes que no fueron encerrados en el Tártaro fueron Atlas, Crono, Epimeteo, Menecio y Prometeo. Zeus dio a Atlas un castigo diferente: Urano, el cielo, casi se había derrumbado sobre la tierra tras la guerra debido a la enorme lucha que había ocurrido bajo él, por lo que Zeus dispuso que Atlas sujetase los cielos por toda la eternidad. Epimeteo, Menecio y Prometeo cambiaron de bando y ayudaron a Zeus en la guerra, por lo que no fueron castigados. Sobre el destino de Crono existen al menos dos variantes míticas: la tradición más antigua, reflejada en ciertas fórmulas homéricas y hesiódicas (Ilíada, xiv, 274; xv, 225; Teogonía 850ss) supone que Crono habita en el Tártaro rodeado por el resto de los titanes. Una tradición posterior señala que Crono fue luego liberado por voluntad de Zeus, y que quedó reinando en las islas de los Bienaventurados. Esta versión queda atestiguada en una interpolación a Trabajos y días (169b-e ó 173a-e según las ediciones),[4] y en algunos versos de Píndaro (Olímpica II, 70ss).

Los Hecatónquiros quedaron montando guardia sobre los prisioneros.

Sobre el furor de esta guerra nos relata Hesiodo que:

"Ya hacía tiempo que luchaban soportando dolorosas fatigas enfrentados unos contra otros a través de violentos combates, los dioses Titanes y los que nacieron de Cronos; aquéllos desde la cima del Otris, los ilustres Titanes, y éstos desde el Olimpo, los dioses dadores de bienes a los que parió Rea de hermosos cabellos acostada con Cronos. Por entonces enfrascados unos con otros en fatigosa lucha, llevaban ya combatiendo en conjunto más de diez años. Y no se veía solución de la dura contienda ni final a favor de unos o de otros, sino que el resultado de la guerra permanecía indeciso. Pero cuando Zeus ofreció a aquéllos todos los alimentos, néctar y ambrosía, que los propios dioses comen, creció en el pecho de todos ardorosa pasión, cuando probaron el néctar y la deliciosa ambrosía. Entonces ya les habló el padre de hombres y dioses: "¡Escuchadme, ilustre hijos de Gea y Urano, para que os diga lo que me dicta el corazón en mi pecho! Por largo tiempo ya enfrentados unos con otros, luchamos todos los días por la victoria y el poder los dioses Titanes y los que nacimos de Cronos. Pero mostrad vosotros vuestra terrible fuerza e invencibles brazos contra los Titanes en funesta lucha, recordando nuestra dulce amistad y como después de tantos tormentos bajo dolorosa cadena, de nuevo vinisteis a la luz saliendo de la oscura tiniebla por decisión nuestra." Así dijo y al punto a su vez le respondió el intachable Coto: "¡Divino! No nos descubres cosas ignoradas, sino que también nosotros sabemos cuán excelentes son tus pensamientos e inteligencia. Paladín fuiste para los Inmortales de una cruel contienda y por tu sabiduría regresamos de nuevo saliendo de aquella oscura tiniebla, ¡soberano hijo de Cronos!, después de sufrir desesperantes tormentos entre inexorables cadenas. Por ello también ahora, con corazón firme y resuelta decisión, defenderemos vuestro poder en terrible batalla luchando contra los Titanes a través de violentos combates." Así habló. Aplaudieron los dioses dadores de bienes al escuchar sus palabras, y su espíritu anhelaba la guerra con más ansia todavía que antes. Provocaron aquel día una lucha terrible todos, hembras y varones, los dioses Titanes y los que nacieron de Cronos y aquellos a los que Zeus, sumergidos en el Érebo bajo la tierra, trajo a la luz, terribles, violentos y dotados de formidable vigor. Cien brazos salían agitadamente de sus hombros, para todos igual, y a cada uno cincuenta cabezas le nacían de los hombros, sobre robustos miembros. Aquéllos entonces se enfrentaron a los Titanes en funesta lucha, con enormes rocas en sus robustas manos. Los Titanes, de otra parte, afirmaron sus filas resueltamente. Unos y otros exhibían el poder de sus brazos y su fuerza. Terriblemente resonó el inmenso ponto y la tierra retumbó con gran estruendo; el vasto cielo gimió estremecido y desde su raíz vibró el elevado Olimpo por el ímpetu de los Inmortales. La violenta sacudida de las pisadas llegó hasta el tenebroso Tártaro, así como el sordo ruido de la indescriptible refiega y de los violentos golpes. ¡De tal forma se lanzaban recíprocamente funestos dardos! La voz de unos y otros llamándose llegó hasta el estrellado cielo y aquéllos chocaron con enorme alalá. Ya no contenía Zeus su furia, sino que ahora se inundaron al punto de cólera sus entrañas y exhibió toda su fuerza. Al mismo tiempo, desde el cielo y desde el Olimpo, lanzando sin cesar relámpagos, avanzaba sin detenerse; los rayos, junto con el trueno y el relámpago, volaban desde su poderosa mano, girando sin parar su sagrada llama. Por todos lados resonaba la tierra portadora de vida envuelta en llamas y crujió con gran estruendo, envuelto en fuego, el inmenso bosque. Hervía la tierra toda y las corrientes del Océano y el estéril ponto. Una ardiente humareda envolvió a los Titanes nacidos del suelo y una inmensa llamarada alcanzó la atmósfera divina. Y cegó sus dos ojos, aunque eran muy fuertes, el centelleante brillo del rayo y del relámpago". e

A este respecto, es importante resaltar cómo esta tradición de mitos en los que una raza de dioses se enfrenta a otra dominante es bastante común en la historia mitológica que existe tanto en Europa como en los países del Próximo Oriente. El resultado de dichas guerras a veces difiere: unas veces los rebeldes pierden y son condenados y, en otras ocasiones, son estos los que consiguen hacerse con el poder o ser añadidos al panteón existente.

Algunos ejemplos de ello podemos encontrarlos en la mitología escandinava, von las guerras entre los Vanir y los Aesir, o también en el poema épico babilonio Enuma Elish o incluso la mitología hitita con los fragmentos ugaritas que nos relatan un cruento conflicto generacional en la narración el "Reino del Cielo".

Algunos mitógrafos especulan que la Titanomaquia podría referirse a una colosal guerra entre civilizaciones desaparecidas hace más de 6, 000 años, como los misteriosos eventos descritos en el Mahábhárata hindú, que borraron de la faz de la tierra al floreciente reino de Mohenjo Daro, o los que se relatan en el texto conocido como Lamentación Sobre la Destrucción de Ur, en donde se hace una relación de todos los grandes dioses y de algunos de sus más importantes hijos e hijas que «abandonaron al viento» las ciudades y los grandes templos de Sumer. El texto llamado Lamentación Sobre la Destrucción de Sumer y Ur añade detalles dramáticos a esta huida precipitada. «Ninharsag lloraba con amargas lágrimas» cuando huyó de Isin; Nanshe gritaba, «Oh, mi devastada ciudad» cuando «el lugar en donde moraba cayó en la desgracia». Inanna salió apresuradamente de Uruk, navegando en dirección a África en un «barco sumergible».

Sin embargo, en nuestra opinión, el mito de la Titanomaquia no tiene nada que ver con guerras apocalípticas, y sí con la explicación mítica de la introducción de una reforma religiosa en la Grecia arcaica, por la que se impuso finalmente la religión olímpica.

FIN