FAETÓN: ¿ESTRELLA DEL ALBA O ALEGORÍA DE LA CAÍDA DEL DEMONIO ?
Lic. Miguel Angel García Alzugaray

En la mitología griega, Faetón o Faetonte (en griego antiguo Φαέθων Phaéthôn, 'brillante', 'radiante') era hijo de Helios, y de Clímene, esposa de Mérope, a la que Helios sedujo. Alternativamente, sería el hijo que Eos dio a Céfalo y que Afrodita robaría cuando no era más que un niño, para convertirlo en un demon, guardián nocturno de sus más sagrados santuarios.

Fue padre con Afrodita de Astino.

Los cretenses le llamaron Adymus, que para ellos significaba estrella de la mañana y de la tarde, refiriéndose con ello a la visión de Venus al amanecer y al atardecer. El término tiene connotaciones poéticasy místicas.

Los astrónomos de la Antigua Grecia pensaron que se trataban de dos cuerpos diferentes y los denominaron Phosphoros y Hesperos, al alba y al atardecer respectivamente.

El excelso poeta romano Ovidio en el Libro II de sus famosas "Metamorfosis se refiere este mito al plantear que:"

El real del Sol era, por sus sublimes columnas, alto,

claro por su rielante oro y, que a las llamas imita, por su piropo,

cuyo marfil nítido las cúspides supremas cubría;

de plata sus bivalvas puertas radiaban por la luz.

A la materia superaba su obra: pues Múlciber allí 5

las superficies había cincelado, que sus intermedias ciñen tierras,

y de las tierras el orbe, y el cielo, que domina el orbe.

Azules tiene la onda sus dioses:...

Atemorizado estaba, el Sol con sus ojos al joven, con los que divisa todo, ve

y '¿Cuál, de tu ruta la causa? ¿Qué en este recinto' dice 'buscabas,

progenie, Faetón, que tu padre no ha de negar?'

Él responde: 'Oh luz pública del inmenso mundo, 35

Febo padre, si me das el uso del nombre este

y Clímene una falsa culpa bajo esa imagen no esconde:

prendas dame, padre, por las que tu verdadera estirpe

se me crea y este error de los ánimos arranca nuestros.'

Había dicho, mas el padre, de alrededor de su cabeza toda rielantes 40

depuso sus rayos, y más cerca avanzar le ordenó

y un abrazo dándole 'Tú, de que se niegue que mío eres,

digno no eres, y Clímene tus verdaderos, dice, orígenes te ha revelado,

y para que menos lo dudes, el que quieras pide regalo, que

por mí otorgado lo obtendrás.

No bien había cesado, los carros ruega él paternos,

y, para un día, el mando y gobierno de los alípedes caballos.

Le pesó haber jurado al padre, que tres y cuatro veces

sacudiendo su ilustre cabeza 'Temeraria' dijo 50

'la voz mía por la tuya hecho se ha. Ojalá mis promesas pudiera

no conceder. Confieso que solo esto a ti, hijo, te negaría.

Disuadirte sí me es dado: no es segura la voluntad tuya.

Grandes pides, Faetón, y que ni a las fuerzas esas,

regalos, convienen, ni a tan pueriles años. 55

La suerte tuya, mortal: no es mortal lo que deseas.

A más incluso de lo que los altísimos alcanzar pueden,....

Faetón alardeaba con sus amigos de que su padre era el dios-sol. Estos se resistían a creerlo e incluso uno de ellos decía ser hijo de Zeus, lo cual enojó a Faetón que terminó acudiendo a su padre Helios, quien juró por el río Estigia darle lo que pidiera. Faetón quiso conducir su carruaje (el sol) un día. Aunque Helios intentó disuadirle, Faetón se mantuvo inflexible. Cuando llegó el día, Faetón se dejó llevar por el pánico y perdió el control de los caballos blancos que tiraban del carro. Primero giró demasiado alto, de forma que la tierra se enfrió. Luego bajó demasiado, y la vegetación se secó y ardió. Faetón convirtió accidentalmente en desierto la mayor parte de África, quemando la piel de los etíopes hasta volverla negra.

Tal fue el desastre que Ovidio afirma:

"Entonces verdaderamente Faetón por todas partes el orbe

mira incendiado, y tan grandes no soporta calores,

e hirvientes auras como de una fragua profunda

con la boca respira, y los carros suyos encandecerse siente; 230

y no ya las cenizas la desprendida brasa,

soportar puede, y envuelto está por todos lados de caliente humo,

y adónde vaya o dónde esté, por una calina como de pez cubierto,

no sabe, y al arbitrio de los voladores caballos es arrebatado".

Por ello, finalmente, Zeus fue obligado a intervenir golpeando el carro desbocado con un rayo para pararlo, y Faetón se ahogó en el río Erídano (Po). Su amigo Cicno se apenó tanto que los dioses lo convirtieron en cisne.

Sus hermanas, las helíades, también se apenaron y fueron transformadas en alisos o álamos, según Ovidio, convirtiéndose sus lágrimas en ámbar.

La moraleja de la historia es un añadido posterior. En las primeras referencias homéricas Faetón es simplemente otro nombre del propio Helios.​ La sustitución de este por Apolo como dios-sol sucedió más tarde que esta leyenda.

Se conservan fragmentos de la tragedia de Eurípides sobre este mito, Phaethon. Al reconstruir la obra perdida y discutir los fragmentos, James Diggle ha cuestionado el tratamiento del mito de Faetón.​

Ovidio concluye su inmortal canto diciendo:

"Mas Faetón, con llama devastándole sus rútilos cabellos,

rodando cae en picado, y en un largo trecho por el aire 320

va, como a las veces desde el cielo una estrella sereno,

aunque no ha caído, podría que ha caído parecer.

Al cual, lejos de su patria, en el opuesto orbe, el máximo

Erídano recibió, y le lavó la cara humeante.

Las náyades Vespertinas, por la trífida llama humeante, 325

su cuerpo dan a un túmulo, e inscriben también con esta canción la roca:

AQUÍ• SITO• QUEDA• FAETÓN • DEL • CARRO • AURIGA • PATERNO

QUE • SI • NO • LO • DOMINÓ • SUCUMBIÓ • A • UNAS • GRANDES • OSADÍAS

Pues su padre, cubiertos por su luto afligido, digno de compasión,

había escondido su rostro, y si lo creemos, que un único 330

día pasó sin sol refieren; los incendios luz

prestaban, y algún uso hubo en el mal aquel.

Clímene[editar]

Mas Clímene, después de que dijo cuanto hubo

en tan grandes males de ser dicho, lúgubre y fuera de sí,

y rasgándose los senos, todo escudriñó el orbe, 335

y sus exánimes miembros primero, luego sus huesos buscando,

los halló, aunque huesos, en una peregrina ribera preservados.

Y se postró en ese lugar, y su nombre, en el mármol leído,

regó de lágrimas, y con su abierto pecho lo calentó."

Volviendo a la identificación del planeta Venus con la estrella del alba, se debe consignar que: debido a su destacado brillo, muchas religiones lo han considerado (aún hoy día) un dios, semidiós o un mensajero celestial.

Así, en la mitología egipcia, al dios Shu se le llamaba "Estrella de la mañana".

En su aparición matutina los aztecas lo llaman Tlahuizcalpantecuhtli, "El Señor de la Casa del Amanecer", personificación del mismo Quetzalcóatl.

En la mitología eslava, Lucero del Alba era uno de los dioses Zorya.

En la tradición nórdica anglosajona, es Aurvandil (Earendel).

En la Mitología muisca, Fagua es el Lucero de la Alborada.

En cuanto al tema de la estrella caída, deseamos subrayar que debe haber sido familiar en Israel, pues el profeta Isaías se refiere a él cuando amonesta al rey de Babilonia por su orgullo.​

"14:12 ¡Cómo caíste del cielo, oh Lucero, hijo de la mañana! Cortado fuiste por tierra, tú que debilitabas a las naciones.

14:13 Tú que decías en tu corazón: Subiré al cielo; en lo alto, junto a las estrellas de Dios, levantaré mi trono, y en el monte del testimonio me sentaré, a los lados del norte;

14:14 sobre las alturas de las nubes subiré, y seré semejante al Altísimo.

14:15 Mas tú derribado eres hasta el Seol, a los lados del abismo".

Al respecto la Enciclopedia Judía cuenta que «es obvio que el profeta, al atribuir al rey babilonio un exceso de orgullo, seguido de su caída, tomó la idea prestada de una leyenda popular relacionada con la estrella de la mañana y su identificación con Lucifer».

Por otro lado, puede designar a Cristo mismo de acuerdo a Apocalipsis 22:16, cuando dice "Yo, Jesús, [...] soy la raíz y el linaje de David, la estrella resplandeciente de la mañana." Dicha interpretación encontraría apoyo en los textos de Apocalipsis 2:27-28 (que probablemente esté haciendo referencia a Números 24:17) y 2 Pedro 1:19.

Por su parte, en el siglo IV Jerónimo de Estridón tradujo 'estrella de la mañana' por «Lucifer» (v.), llevando el elemento mítico de la estrella caída a la mitología cristiana. De esta forma la alegoría quedó asociada al perverso Satanás.

FIN