EL GIGANTE TALOS: ¿UN TERRORÍFICO ROBOT DE LA ANTIGÜEDAD?
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EL GIGANTE TALOS: ¿UN TERRORÍFICO ROBOT DE LA ANTIGÜEDAD?

Históricamente los primeros autómatas se remontan en la prehistoria donde las estatuas de algunos de sus dioses o reyes despedían fuego de sus ojos, como fue el caso de una estatua de Osiris, otras poseían brazos mecánicos operados por los sacerdotes del templo, y otras, como la de Memon de Etiopía emitían sonidos cuando los rayos del sol los iluminaba consiguiendo, de este modo, causar el temor y el respeto a todo aquel que las contemplara. Esta finalidad religiosa del autómata continuará hasta la Grecia clásica donde existían estatuas con movimiento gracias a las energías hidráulicas.

Esos nuevos conocimientos quedan plasmados en el primer libro que trata la figura de los robots Autómata escrita por Herón de Alejandría (10 d. C.-70 d. C.) donde explica la creación de mecanismos, muchos basados en los principios de Philon o Arquímedes, realizados fundamentalmente como entretenimiento y que imitaban el movimiento, tales como aves que gorjean, vuelan y beben, estatuas que sirven vino o puertas automáticas todas producidas por el movimiento del agua, la gravedad o sistemas de palancas.

También cabe destacar su "The automaton theatre" sobre su teatro de marionetas mecánicas que representaban la Guerra de Troya.

Aunque Heron es el primero en recopilar datos sobre los autómatas otros anteriores a él realizaron sus aportaciones como es el caso de Archytas (428 a. C.-347 a. C.) inventor del tornillo y la polea y famoso por su paloma mecánica capaz de volar gracias a vapor de aire en propulsión. O el terrible sistema descrito por Polibio (200 a. C.-118 a. C.) y utilizado por Nabis, tirano de Esparta, que consistía en un artilugio con forma de mujer con clavos en su pecho y brazos y que abrazaba mortalmente a todo aquel que incumplía sus pagos. Y otros aún más antiguos, pero de más difícil autentificación, como el mítico Trono de Salomón, descrito en la Biblia y otros textos árabes como un árbol de bronce con pájaros cantores, leones y grifos mecánicos además de ser móvil, pudiendo elevarse desde el suelo hasta el techo.

Por su parte, en el fabuloso campo de la mitología griega se cuennta que "El rey Minos no quería forasteros en su isla. Tampoco veía de buen grado las recientes emigraciones de sus súbditos. En vano recomendaba a sus guardias que redoblasen la vigilancia. Los extraños seguían entrando en Creta. Y los cretenses partiendo.

Era preciso encontrar un portero incansable, invencible, casi un dios. Tal vez, el habilidoso Hefesto, dios de los herreros y de los metales, consiguiese crear en su fundición el guardián que Minos quería.

El herrero se dispuso prontamente a cumplir el pedido del rey. Le gustaba inventar artificios. Apenas Minos se alejó, Hefesto se puso a la tarea.

La obra consumía días y noches de esfuerzo y dedicación. No podía tener defecto alguno: debía ser un guardián invencible.

Al cabo de largo tiempo, Hefesto llamó al rey para entregarle el fruto de su esfuerzo: un enorme gigante de bronce. Su nombre era Talos. Este podía arrojar grandes cantidades de piedras a largas distancias. Si las piedras no bastaban, el gigante podía encender su cuerpo metálico hasta tornarlo incandescente. Entonces se lanzaba sobre el transgresor de las órdenes reales con todo su peso y el calor insoportable de su bronce.

Existía, no obstante, un problema que el gran ingenio había podido solucionar: quedaba en la pierna del gigante una venita que si fuera alcanzada provocaría la muerte del guardián. No obstante, no sería fácil herir en este punto vulnerable, que estaba defendido por un mecanismo de protección cerrado con llave.

Satisfecho con la obra del dios, Minos regresó a Creta, llevándose consigo al gigante de bronce. Apenas llegó mandó apostarlo junto a las murallas y licenció a los vigilantes humanos.

Nadie osaba enfrentar la fuerza invencible de Talos. Ni intrusos ni fugitivos se aventuraban a trasponer los límites de Creta. La paz reinaba en la isla. Y el rey Minos cuidaba del gobierno con gran tranquilidad.

Hasta que un día llegó a Creta una mujer: Medea, la hechicera. Con sus mañas y encantos descubrió donde la vena fatal, abrió el mecanismo que la protegía y la desgarró. Así acabó con la seguridad de las murallas y puso término a la vida del gigante Talos, hijo u obra de Hefesto."

En realidad existen varias versiones sobre su genealogía: a veces era considerado hijo de Cres, personificación de Creta y padre de Hefesto (lo que contradice la versión dominante), otras era un autómata forjado por el propio Hefesto con la ayuda de los cíclopes, y también a veces era el último de una malvada raza de gigantes de bronce. En algunas versiones del mito, Talos es forjado por el inventor Dédalo.

En cualquier caso, se le presentaba como el infatigable guardián de Creta (dado por Zeus a Europa o por Hefesto al rey Minos), encargado de dar tres vueltas cada día a la isla, impidiendo entrar en ella a los extranjeros y salir a los habitantes que no tenían el permiso del rey.

Cuando Jasón y los argonautas llegaron a Creta tras obtener el vellocino de oro, Talos les impidió desembarcar del Argo arrojándoles grandes rocas a la bahía.

"...Pero el broncíneo Talos, desgajando peñascos del recio acantilado, les impedía amarrar sus cables a tierra. Él, entre los semidioses había quedado de la estirpe de los hombres que nacieron de los fresnos; el Crónida se lo donó a Europa para que fuese guardián de su isla, y él por tres veces daba a Creta la vuelta con sus broncíneos pies. Pero si bien...estaba formado de bronce y sin fractura posible, por debajo del tendón, en el tobillo, tenía una vena llena de sangre, y la membrana sutil que la encerraba era su límite entre la vida y la muerte...."

Apolonio de Rodas, Las Argonáuticas, Canto IV. 1630

Según Apolodoro, la hechicera Medea volvió loco a Talos con sus pócimas, haciéndole creer que podía hacerle inmortal si le quitaba el clavo de su tobillo. Otra versión reza que Peante, padre de Filoctetes, atravesó la vena con una de sus flechas. En las Argonáuticas, Medea le hipnotizaba desde el Argo, volviéndole loco y haciendo que se arrancase el clavo. En cualquier caso, al quitar el clavo de su tobillo se derramaba el icor de Talos, se desangraba y moría (compárese con la historia del talón de Aquiles). Tras su muerte, el Argo pudo arribar sin peligro.

En dialecto cretense ????? talôs (Talos) era el equivalente griego de hêlios (Helios), el sol: el léxico de Hesiquio de Alejandría señala simplemente que «Talos es el sol». En Creta Zeus era adorado como Zeus Taleo (Zeus Solar), incorporando el dios anterior en forma de epíteto, como es habitual.[4]? El dios fue identificado con los montes Taleos (hoy llamado Kulukonas), una estribación al norte del monte Ida (Creta).

Una interpretación política del mito cuenta que Talos es la flota minoica pertrechada con armas metálicas. Cuando los griegos del Argo le derrotan, el poder de Creta se desvanece.

Robert Graves sugiere que este mito está basado en una mala interpretación de una representación de Atenea demostrando el proceso de cera perdida para fundir bronce, que Dédalo llevó a Cerdeña.

Dado el demostrado nivel de desarrollo que alcanzó la automática en la antigua Grecia, cualquiera que sea la versión correcta, podemos pensar que el mito de Talos recrea una visión épicca de lo que pudiera haber sido uno de los primeros robots de combate de la humanidad.

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