EL ARCO DE ODISEO: ¿SÍMBOLO DEL RESPETO A LA HOSPITALIDAD?
Lic. Miguel Angel García Alzugaray

En particular la Odisea nos cuenta que cuando Ulises por fin llegó a Ítaca, comprueba que su palacio se halla invadido por un numeroso grupo de pretendientes que trataban de casarse con su esposa Penélope y mientras consumían los bienes del palacio. Odiseo accede al palacio disfrazado de mendigo y con ayuda de su hijo Telémaco y del viejo porquerizo Eumeo y del boyero Filetio mata a todos los pretendientes, que son hijos de las mejores familias de la isla.

(.....Penélope hizo entrara el anciano, su esposo, en su habitación. Este le relató, falsamente, que era cretense y había ofrecido hospitalidad a Odiseo en su ciudad. Le pidió pruebas de lo que decía; él le detalló su forma de vestir. Ante la autenticidad de sus datos, Penélope comenzó a llorar de nuevo, mientras le aseguró que la llegada de su esposo estaba cercana. Desconfiando de sus palabras, no lo creyó; le confió, no obstante, sus planes para el futuro: colocaría en línea recta doce segures con unos anillos para hacer pasar, como solía Ulises, una flecha por todos ellos. Le confirmó que se casaría con aquel que manejase mejor su arco, lo armase e hiciera pasar la flecha por el ojo de las hachas.

Odiseo le indicó a Eumeo que en su momento cerrara las puertas del palacio y le pasara su arco, para, con él, matar a todos los pretendientes. Los pretendientes fracasaron en su intento. Odiseo pidió permiso para probarlo. Ante la oposición de los pretendientes, Telémaco se lo permitió, a la vez que hizo volver a su madre a sus habitaciones, pues sabía lo que iba a acontecer.

«Mientras ellos hablaban, el sagaz Odiseo acababa de tantear su gran arco, revisándolo al completo. Como un cantor, que sabe manejar la cítara, tiende fácilmente la cuerda nueva sobre la llave y fija a cada extremo la tripa bien retorcida, Odiseo tendió, sin esfuerzo el gran arco, después su mano derecha cogió e hizo vibrar la cuerda, que cantó bello y claro, como un trino de golondrina» [Od.XXI, 404-410].

Entretanto, Eumeo ordenó a Euriclea, fiel esclava de Penélope, y a Fitelio, otro de los pastores, que cerrasen las puertas del palacio.

Odiseo armó el arco sin esfuerzo alguno, tomó una flecha, la disparó y la hizo pasar por los doce anillos.

"Y tomó un agudo dardo que tenía suelto sobre la mesa, pues los otros estaban dentro del cóncavo carcaj, los que iban a probar pronto los aqueos. Lo acomodó en la encorvadura, tiró del nervio y de las barbas alli sentado, desde su misma silla, disparó el dardo apuntando de frente y no marró ninguna de las hachas desde el primer agujero, pues la flecha de pesado bronce salió atravesándolas. Entonces dijo a Telémaco: «Telémaco, este huésped que tienes sentado en tu palacio no lo cubre de vergüenza, que no he errado el blanco ni me he fatigado tratando de tender el arco". Todavía me queda vigor, no

Consumó luego su venganza matándo uno a uno los pretendientes.

"Mientras tuvo flechas para defenderse, fue hiriendo sin interrupción a los pretendientes en su propia casa apuntando bien. Y caían uno tras otro. Pero cuando se le acabaron las flechas al soberano, una vez que las hubo disparado, apoyó el arco contra una columna del bien construido aposento, junto al muro reluciente, y se cubrió los hombros con un escudo de cuatro pieles; en la robusta cabeza se colocó un labrado casco el penacho de crines de caballo ondeaba terrible en lo alto, y tomó dos poderosas lanzas guarnecidas con bronce!.

¿Cuál es la historia de este poderoso arco?: se sabe que fue fabricado con una de las maderas mas resistentes. Hay dos versiones distintas, en una se narra que es la propia Atenea quien le entregó este arco mágico a Odiseo pero la que se da por buena es en la que Odiseo lo obtuvo de manos de Ifito. Apolo se lo entregó al padre de este último Eurito, el rey de la mítica Ecalia, a quien instruyó en su manejo; a su muerte fue heredado por uno de sus hijos, Ifito, y éste se lo entregó a Odiseo, en las condiciones de ser intercambiado por una lanza y una espada. Sófocles. Filoctetes. Traducción de A. Alamillo. Editorial Gredos, Madrid, 1986.

Este arco se identificará por tanto con el respeto a las normas de hospitalidad. Su primera vinculación es obvia: el intercambio de presentes sellaba entre ambos jóvenes la promesa de mutua hospitalidad. La segunda, disfrazada en un relato más amplio, es el motivo por el que tal promesa nunca llegó a tener la efectividad deseada. Ifito fue asesinado por Heracíes en unas de las más flagrantes subversiones de las normas de hospitalidad, ya que este último en el momento de darle muerte era huésped del primero. Aunque el arma, ya en posesión de Odiseo, no determinó este desenlace fatal, la historia es narrada en el momento en que el héroe, ya en su casa pero disfrazado de mendigo, entra en contacto directo con su mortífera arma que iba a ser, en breve, la perdición de los pretendientes.

Ahora bien, ocurre que existe un hecho aparentemente contradictorio que se refleja en la Odisea, nos referimos a la estrecha unión entre un héroe épico, Odiseo, y un arma específica, el arco y las flechas.

Muchos mitógrafos consideran que el arco es un símbolo de realeza y fuerza; quien logre dominarlo es digno del rey Odiseo y puede tomar el trono legítimamente. La fuerza física era una importante cualidad en la antigua Grecia, no solo en la guerra, sino que sicológicamente estaba atada a la fuerza política y a la voluntad de hierro que se necesitaba para gobernar a la gente en los momentos álgidos.

Como era de esperarse, ninguno de los pretendientes está cerca de lograr dominar el arco, mostrando sus debilidades y sus ansias al competir por la mano de Penélope. Telémaco casi logra dominarlo, y quizá lo hubiera logrado si Odiseo no lo hubiera interrumpido; esto muestra que Telémaco ha madurado y está casi listo para tomar el puesto de su padre. Claro, que se haya detenido después de que su padre se lo pidiera, lo que nos recuerda que el hijo mantiene deferencia hacia los deseos de Odiseo.

Sin embargo, otros estudiosos valoran que el arco y las flechas, en la Grecia arcaica y clásica, eran consideradas como armas prototipo de bárbaros o de cobardes, ya que su manejo contravenía laética bélica imperante en ambos períodos.

Esta aparente contradicción estriba en la consideración sociológica que sobre dicha arma y su uso en el contexto bélico, imperaba en la Grecia arcaica y que puede hacerse extensible al período clásico.

A pesar de la escasez de fuentes literarias en el período arcaico griego, para el tema que aquí tratamos contamos con una fuente de valor inestimable: laIlíada, que por centrarse en un contexto bélico, nos ofrece unos datos de gran importancia para determinar laética guerrera imperante, o sea que el arco no era un arma de valientes guerreros:

«Pero al hijo de Telamón le seguían sus leales huestes, numerosas y valientes, que le tomaban su escudo siempre que la fatiga y el sudor alcanzaban sus rodillas; y en cambio, no seguían los locros al magnánimo hijo de Oileo, pues su corazón no les aguantaba en la refriega cuerpo a cuerpo, ya que no tenían cascos guarnecidos de bronce, adornados de tupidas crines de caballo, ni tenían escudos de hermoso cerco, ni lanzas de fresno. Antes bien, lo habían seguido a Ilión confiando en sus arcos y en sus bien trenzadas cuerdas de lana de oveja, con los que, por tanto, intentaban romper, disparando copiosamente, las falanges troyanas.

Y precisamente en ese momento, cuando los otros con sus armas ricamente trabajadas luchaban por delante contra los troyanos y Héctor el guerrero armado de bronce, ellos disparaban sus arcos por detrás sin ser vistos...»

La misma consideración social respecto a este objeto fue mantenida en el período clásico y prueba de ello es la asimilación que Esquilo hacia en su obra Los Persas en donde identificaba la victoria de los griegos sobre los bárbaros, en este caso concreto los persas, como la de la espada sobre el arco.

También en la obra de Eurípides, Heracles, se recoge esta discrepancia entre el hoplita y el arquero:

«...pero en lo demás nunca fue guerrero insigne: jamás abrazó escudo con su mano izquierda ni se arrimó a las lanzas; sosteniendo su arco -el arma de los cobardes- siempre estuvo presto a huir".

Queda claro que si en la ética guerrera griega el elemento que más se apreciaba en el combatiente era su fuerza -en el caso de la lucha cuerpo a cuerpo- o su perfecta coordinación con el compañero -en el caso de la lucha hoplítica-, en el arquero se primaba la astucia y el saber hacer individual.

¿por qué el autor de la Odisea colocó en manos de su protagonista un arma calificada como despreciable en su tiempo?.

Sin embargo, a pesar de esta contradición, el héroe Odiseo logra restaurar en su reino la situación previa asu partida a la guerra de Troya gracias a su mítico arco. Es importante recalcar el hecho de que gracias a esta arma dicho héroe, logra la difícil tarea de recuperar su status de padre, marido, hijo y basiteus, perdido tras veinte años de ausencia de su patria, Itaca.

La respuesta más inmediata que podríamos dar se dirige a dos campos: en primer lugar a Odiseo y a su peculiar personalidad y en segundo a la renovadora ética heroica que presenta la Odisea con respecto a la Ilíada. En la Ilíada vemos cómo los grandes héroes se mueven, más que por la razón, por impulso. El caso de Aquiles es el mejor ejemplo, a pesar de las múltiples súplicas que le dirigen, no sólo sus compañeros de armas, sino su mejor amigo Patroclo: se niega a participar en la batalla por la ofensa que le hizo Agamenón. El cambio de esta actitud fue provocado por la desaparición de Patroclo, a partir de este momento su hybris le transforma en una «máquina de matar». En ambas situaciones, se reflejan posturas extremas cargadas de irracionalidad y asíes demostrado por sus propios aliados.

Por el contrario, al protagonista de la Odisea se ledescribe constantemente reflexionando sobre las diversas alternativas antes de tomar una determinación.

Otra causa es que como ya hemos señalado, el arco de Odiseo poseía por su origen, en el contexto de la mitología griega, un significado simbólico completamente opuesto al anteriormente descrito para el mundo terreno.

En el caso de Odiseo su arco se hace insustituible para lograr alcanzar la victoria sobre los pretendientes, temidos más que por su talla por su

elevado número y que han violado flagrantemente todas las sagradas leyes de la hospitalidad de la época, ya que sin ser invitados invadieron el hogar de Odiseo, saquean su hacienda, seducen a sus criadas, humillan a su hijo Telémaco, y hasta pretenden a su fiel esposa Penélope. .

Todas estas concomitancias sitúa a dicho objeto en el plano mitológico en la categoría de agalma (L. Gernet, 1980, 85-122), objeto que procede de un dios, que posee el rango de talismán y, lo que para nosotros es más importante, era utilizado para sellar relaciones de dependencia y fidelidad que se perpetuarían a través de las generaciones futuras.

En este sentido es interesante recordar que en la Ilíada los héroes que aparecen retratados como arqueros obtuvieron directa o indirectamente su arco de las divinidades arqueras por excelencia. Paris, Héleno y Filotectes de Apolo, y Estrofio de Artemis.

Por lo tanto, se puede afirmar que el arco de Odiseo no es el arma de un astuto cobarde, sino el instrumento y el símbolo de la venganza divina para castigar la violación de la más sagrada de las leies de la Grecia arcaica: la hospitalidad.

FIN